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Celia Sánchez Manduley: ternura y fusil

Celia Sánchez Manduley: ternura y fusil

Daniela Beatriz Artiles Rivero

Sábado, 09 May 2026 06:21

9 de mayo. Hoy el calendario se viste de historia. Porque hace más de un siglo, en el corazón de Media Luna, nació quien no solo acompañó a Fidel, sino que supo estar a su altura: Celia Sánchez Manduley.

Fue la flor que creció entre las piedras de la Sierra Maestra, con las raíces al descubierto y el fusil al hombro. Su ternura no era debilidad; era temple. Su sonrisa no era concesión; era escudo.

Celia fue la primera mujer soldado del Ejército Rebelde. La que desde Manzanillo tejió la red que salvó a los expedicionarios del Granma. La que esperó a Fidel en la madrugada del 2 de diciembre de 1956, con los brazos abiertos y un plan ya trazado.

En los días más oscuros de la guerrilla, Celia fue refugio y brújula. Tanto el Comandante en Jefe como el intelectual revolucionario Armando Hart Dávalos coincidieron en llamarla: “la flor más autóctona de la Revolución Cubana”.

Esta valerosa mujer tuvo un papel fundamental en la creación del pelotón femenino “Mariana Grajales”, conocido como Las Marianas, demostrando que las mujeres también podían empuñar las armas y ocupar posiciones de combate.

Después del triunfo, asumió grandes responsabilidades: fue nombrada Secretaria del Consejo de Estado y también diputada al Parlamento. Pero a la vez, nunca dejó de ser la muchacha que en la Sierra cargaba su máquina de escribir y su fiel mochila de campaña, dedicándose a recoger y organizar toda la información de la lucha guerrillera para conservar la memoria histórica.

El 11 de enero de 1980, Celia cerró los ojos para siempre. Pero su obra, su humildad, su entrega, siguen vivas en cada rincón de esta Isla. Porque hay personas que no se van del todo: se quedan en cada cubana que lucha sin estridencias, en cada hombre decente, en cada obra que lleva su nombre sin estatuas ni carteles.

Hoy, 9 de mayo, recordamos a Celia Sánchez Manduley. La flor más autóctona. La guerrillera de la sierra y el llano. La imprescindible.