Aquella mañana a las 8.46 minutos el vuelo 11 de American Airlines impactó contra la Torre Norte del World Trade Center.
Diecisiete minutos después, el vuelo 175 de United Airlines se estrelló contra la Torre Sur.
Un tercer avión golpeó el Pentágono a las 9.37 y media hora después una cuarta aeronave cayó en un campo de Shanksville, Pensilvania, tras la resistencia de los pasajeros.
Las torres, cada una con 110 pisos, se desplomaron en apenas 102 minutos y, con ellas, el horizonte de Manhattan y la percepción mundial de la seguridad.
La ceremonia en la Zona Cero acoge cada año a familiares y amigos, que leen los nombres de los fallecidos. Este 2026 se guardarán siete minutos de silencio: seis por los ataques y uno, por quienes han muerto a causa de enfermedades relacionadas con la exposición a las toxinas.
Las cifras, veinticinco años después, constituyen una herida abierta. De las 2 mil 977 personas que perdieron la vida aquel 11 de septiembre de 2001, mil 99 no logran identificarse aún en la Oficina del Médico Forense de Nueva York. Las secuelas del 11-S no terminaron con el derrumbe de las torres.
La exposición a la nube tóxica que cubrió el Bajo Manhattan durante meses activó una epidemia silenciosa, pues las enfermedades oncológicas entre los sobrevivientes se triplicaron en los últimos cinco años.
El proceso judicial contra los acusados, detenidos en Guantánamo desde 2002, tampoco ha concluido. El juicio arrancará el 5 de junio de 2028, veintisiete años después de los atentados.Y la reconstrucción de la Zona Cero sigue inconclusa.
En julio comenzaron las obras de la Torre Dos, que tendrá 55 plantas y cuya finalización se prevé está para 2031, tres décadas después del derrumbe.
En cuanto a su repercución, el impacto del 11-S trascendió las fronteras estadounidenses. Los atentados despertaron a Occidente del sueño de paz y prosperidad posterior a la Guerra Fría.
Los sucesos derivaron en una batalla contra el terrorismo proclamada por el presidente George W. Bush, que transformó la geopolítica mundial.
¿Las consecuencias? Cientos de miles de civiles muertos en Afganistán, Irak y Pakistán, además de un costo económico de billones de dólares y profundas secuelas sociales.
La posición de Cuba se mostró desde el primer minuto. Aquel mismo 11 de septiembre de 2001, el Comandante Fidel Castro dio a conocer la Declaración Oficial del Gobierno cubano, en la que rechazó los ataques y expresó sus más sinceras condolencias al pueblo norteamericano por las dolorosas e injustificables pérdidas humanas.
En aquel discurso, el líder de la Revolución Cubana subrayó que «aquí jamás se ha sembrado odio contra el pueblo norteamericano» y advirtió que «el camino no es la fuerza ni la guerra».
Veinticinco años después, esa condena al terrorismo en todas sus formas, mantiene plena vigencia como principio irrenunciable de la política exterior cubana.
