Los peloteros tienen la posibilidad de apelar un strike cantado por los árbitros al acudir al Sistema Automatizado de Bolas-Strike (ABS por sus siglas en inglés) potenciado por T-Mobile, un avance tecnológico que no solo ayudará a asegurar que las decisiones más importantes se realicen correctamente, sino también agregarle un aspecto divertido a la estrategia del juego.
Puesto a prueba en las Ligas Menores desde el 2022 y en las Grandes Ligas durante los partidos de pretemporada el año pasado y, habiendo recibido el visto bueno en las encuestas de los aficionados y por el Comité Competitivo en septiembre pasado, este sistema de repetición ha sido evaluado y es visto como un buen punto medio entre los “umpires robóticos” que podrían cantar cada bola y strike y la larga tradición de árbitros humanos con los detalles que vienen con sus decisiones.
El sistema de reto ABS monitorea la ubicación exacta de cada picheo, relativo con la zona específica del bateador, a través de la tecnología Ojo de halcón (que es un sistema de cámaras que captan el recorrido de la pelota y genera una imagen en tercera dimensión).
Los jugadores pueden solicitar retar una decisión de bola o strike que piensan que el árbitro se equivocó, y cuando lo hacen, una gráfica demostrando el resultado es transmitida por una red 5G de T-Mobile y casi inmediatamente exhibida a los espectadores presentes por la pantalla del estadio y a los televidentes.
Cuando se confirme o se cambie la bola o strike, el partido continúa, tras una breve interrupción.
Cada club comenzará el encuentro con dos retos cada uno. Si un encuentro pasa a extrainnings, y cualquier equipo llega a estas instancias sin retos recibirá uno para el décimo capítulo. Si lo utilizan, recibirán otro para el onceno y así sucesivamente. Si a un club le restan retos para el comienzo del décimo episodio, no recibirán otro adicional para esa entrada, aunque lo tendrán para cada inning siguiente, si se quedan sin retos al comienzo del episodio.
¿Quiénes pueden retar una decisión del árbitro? Serán solo el bateador, el lanzador o el receptor, nadie más, ni siquiera el manager lo puede hacer.
Los retos deben realizarse inmediatamente después de la decisión del árbitro, sin asistencia de la cueva ni los otros jugadores.
Para solicitar el reto el jugador se da una palmada en la gorra o el casco para avisarle al umpire que desea retar la decisión. A los peloteros también se les sugiere expresar que quieren retar la decisión, para no dejar dudas, pero la palmada en la gorra o casco representa el reto oficial.
Según datos del sitio oficial de MLB, durante la pretemporada, los jugadores retaron el 2.6% de cada lanzamiento cantado, y la tasa de cambio de decisión fue del 52.2%. Eso fue mayor que la tasa de cambio de decisión del 50% en Triple-A ese año.
Curiosamente, durante la Liga de la Toronja y la Liga del Cactus, los jugadores a la defensa (lanzadores y receptores) tuvieron el mayor éxito en sus retos (54.4%) que los bateadores (50.0%).
Mientras, en la primera semana de la temporada 2026 de Grandes Ligas (48 partidos) se realizaron 175 intentos de desafío del sistema ABS, con una taza de éxito del 54%. Los receptores han sido los más efectivos, logrando un 64% de decisiones revertidas, seguidos por bateadores (42%) y lanzadores (40 %).
El juego entre los Yankees de Nueva York y los Gigantes de San Francisco del 25 de marzo del presente año pasará a la historia pues fue donde se realizó el primer desafío oficial del ABS. El torpedero panameño de los Mulos del Bronx, José Caballero, reclamó ante un primer picheo cantado como strike de Logan Webb en la cuarta entrada. La decisión en el terreno se mantuvo. Un día después, el primer desafío exitoso del ABS fue iniciado por el receptor venezolano de los Mets, Francisco Álvarez, con un picheo en cuenta de 3-2 que en un principio fue cantado como bola. La decisión en el terreno fue revertida, ya que la recta del dominicano Freddy Peralta estaba en la zona, resultando en un ponche para el también dominicano Oneil Cruz de los Piratas.
Sin dudas es esta una medida para minimizar la incidencia del error humano en las decisiones de los partidos y hacer más justo el juego.
