En declaraciones a la Agencia Cubana de Noticias, el licenciado Yoelvis Lázaro Pérez Carrillo, gestor de la iniciativa, explicó que la propuesta articula la sensibilidad estética con la educación popular, de modo que el entorno comunitario se convierta en un taller horizontal de aprendizaje colectivo.

Un abanico de técnicas como el dibujo, la pintura, la teoría del color y la gráfica nutre las sesiones de trabajo, donde sobresale la práctica del grabado y la xilografía.
El especialista detalló que la labor prioriza el proceso de invención por encima de las exigencias académicas, aspecto que facilita a los participantes la construcción de lenguajes plásticos propios para encauzar inquietudes e identidades.

La labor se apoya en principios de la pedagogía crítica para estimular el pensamiento reflexivo y la autonomía de los alumnos.
Sobre esta base, Pérez Carrillo ponderó que el intercambio constante alrededor de bocetos y matrices fortifica valores de pertenencia, solidaridad y responsabilidad ciudadana en la barriada.

Respecto a la denominación del proyecto, el instructor comentó que la firma resume la aspiración de convertir a cada muchacho en protagonista activo del hecho cultural y no en un mero espectador de la obra ajena.

