Miguel Ángel Tamayo Alba, coordinador del editorial Sed de Belleza y director en funciones del Centro Provincial del Libro y la Literatura, declaró a la prensa que en los últimos meses se han enfocado en áreas de difícil acceso, con un trabajo sostenido en el municipio de Santo Domingo, visitas a comunidades intrincadas como Sopapo y Las Nieves, y a centros estudiantiles y laborales como las tabaquerías.
En Camajuaní resaltó la peña Cuento de Guajiro, de Alejandro Batista; mientras en Santa Clara se ha llegado a localidades como La Estrella, Yabú y Hatillo, así como a escuelas de la periferia.

Por otra parte, en Manicaragua, indicó, el promotor Ariel Lunar realiza extensiones de venta y mantiene peñas en Mataguá, Jibacoa, y en zonas vulnerables como La Cuchilla; al tiempo que en Encrucijada, el escritor Amador Hernández coordina la peña El Libro en el Barrio.
«Cuando alguien lee un libro digital o ve una reseña, todo el mundo quiere tener el físico en su casa, para guardarlo en el librero, para leerlo, sentirlo, tocarlo; las ventas han mejorado al salir de la librería hacia las comunidades, la respuesta del público es positiva», expresó Tamayo Alba.

Según Elizabeth Casanova Castillo, presidenta de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) en Villa Clara, Papalote surgió desde el editorial Sed de Belleza, sello de esa organización, como un convenio con un emprendedor para garantizar el acceso a la literatura en tiempos en que la impresión de libros resulta compleja; así, «se buscan nuevas estrategias para llevar, sobre todo al público infantil, literatura de jóvenes escritores», afirmó.
La iniciativa, detalló, comenzó como una colección en pequeño formato, a color, donde autores noveles pudieran presentar su obra para los más pequeños, pero con el tiempo se extendió más allá de la gestión editorial hasta convertirse en un proyecto comunitario.
Agregó que incluye la presentación de los libros, la venta de materiales complementarios como rompecabezas, marcadores y plegables, y la donación de ejemplares.

«Llevamos literatura, sobre todo poesía para niños, en formas más participativas», explicó Casanova Castillo, al detallar que combinan pequeñas obras teatrales, juegos y promoción de lectura, para luego abrir una miniferia donde los pequeños pueden acceder a los textos.
El proyecto incluye además la versión digital de los libros, para quienes no puedan acceder a las ediciones físicas, limitadas por las propias dificultades con las impresiones.

Yasmany González Hernández, vicepresidente de la AHS en Villa Clara, comentó que Papalote surgió como una necesidad vinculada al Proyecto Monte Soy, que durante los meses de julio y agosto lleva arte a comunidades del Escambray donde escasea la cultura.
Los primeros cinco ejemplares, añadió, incluyeron textos de Déborah García, Elizabeth Casanova e Idiel García y, luego de conformar la colección, se comenzó a llevar a las escuelas para que los niños la conocieran, con la meta de distribuirla nuevamente en la montaña durante las vacaciones.
«Ese acto de regalar se ha perdido en estos tiempos, y cuando llegas a un sitio y ves tantos niños y puedes regalar algo hecho desde tu pequeño pedacito, es una maravilla», reflexionó.

El nombre Papalote responde a ese elemento de la infancia cubana que puede llevarse en la mano, echar pita y volar alto; Papalote tiene ese objetivo: mantener, conservar la infancia, fomentar los sueños y seguir volando”, aseguró.
Este proyecto –que articula a la AHS, el Centro Provincial del Libro, el sistema de instituciones culturales y nuevos actores económicos– mantiene viva la literatura infantil de escritores jóvenes y no tan jóvenes mediante el libro impreso y otros productos como cuadernillos para colorear, almanaques y juegos didácticos, que se comercializan a precios asequibles, incluso en medio de las carencias impuestas por el contexto actual.
