Se mostró allí un Silvio afable, comunicativo, quien no dejó de mencionar su ambiente natal: La Loma, en San Antonio; su ilusión de llevar siempre consigo una cámara fotográfica para retratar un ovni; habló sobre el nacimiento de la Nueva Trova y el apoyo de Haydée Santamaría y Alfredo Guevara a los jóvenes contestones «que cantábamos lo que pensábamos; éramos capaces de expresar nuestras dudas -más que nuestras certidumbres- y no había temor a discutir».

Borges Triana insistió en su posición ante la creación: «el desconcierto que a veces uno tiene cuando está creando, si lo está haciendo bien o no. Esa angustia acompaña a cada una de las canciones que he hecho; es esa inconformidad, a no querer equivocarse, que es humano», argumentó Silvio.

Y contó que siempre ha sido muy hogareño, pero todos los días tiene algo pendiente en el estudio "Ojalá"; la parte de su trabajo que le gusta no es mostrar lo que hace, sino hacerlo. Y si tuviera algún asunto inconcluso es ser mejor orquestador, aseguró.

«Sobre la creación se han dicho cosas hermosísimas, grandes esperanzas. Es verdad que la narrativa, la poesía pueden dejar huellas en el espíritu de la gente que cambia la realidad», añadió. «Ante lo feo, hay que crear belleza».

Dijo Joaquín Borges Triana que si el "Longina" no existiera habría que crearlo. Y uno de los momentos más esperados fue cuando Silvio Rodríguez se nos presentó con agradecimiento y espontaneidad en la Sala Caturla: «Es que aprendiz me considero yo y Maestro me consideran otros».


