Comentó a la radio la maestra Gricel Lince, jefa del Departamento de Dirección Coral y Orquestal de la Universidad de las Artes, que es importantísima la permanencia de este Festival, y este año fue dedicado a los 120 años de Caturla, el centenario de la Orquesta Sinfónica de Villa Clara, los 50 del ISA y los 40 de la Asociación Hermanos Saíz —creadora de la cita. A pesar de las circunstancias y la reducción a que conllevó, el talento local lo hizo posible. Es un logro de la AHS y quienes la apoyaron, comentó.
El Festival pudo mostrar cantorías infantiles revitalizadas y al Coro Audinos en su nueva versión de voces mixtas, por eso significó la maestra la importancia de que no se detenga el trabajo coral que ya distingue a la ciudad que incluso tiene un evento propio de mucha calidad: “Santa Clara canta”.
«Aquí no se detienen la música, las ganas de hacer, se percibe la colaboración entre instituciones, artistas, amigos para mantener eventos como este», precisó.
Solistas, dúos, coros, ensembles, orquestas. Villa Clara tiene una sorprendente riqueza artística y su música lo demuestra.
El joven director Marco Antonio Prades fue invitado a dirigir la Orquesta Sinfónica villaclareña en esta ocasión:
«Mucha alegría y orgullo que siento, dijo, los músicos me acogieron de manera excelente. Y sí, el Festival debía hacerse de una forma u otra. El cubano necesita un momento de disfrute, de despeje, y no hay nada más bonito que la música, que la cultura. Pude notar la vibra, el ambiente tan lindo del Festival».
La trigésima edición movió con la alegría de la música y la pujanza de la juventud todos los resortes, desde los más terrenales hasta la espiritualidad, para hacer posible en el 2026 otro encuentro “A tempo con Caturla”.
