La velada constituyó un homenaje a los fundadores y a todos los que han sostenido la vida sinfónica del centro de Cuba durante un siglo.
En el concierto, bajo la batuta del Maestro Marco Antonio Prades Cordero y con la actuación del solista invitado Alejandro Yera Tejeda, sonaron los acordes del Concierto para clarinete y orquesta en La mayor (K. 622), de Wolfgang Amadeus Mozart.
La melodía angelical cautivó a los presentes, y el descorche de talento de los intérpretes motivó múltiples ovaciones
Durante la presentación del concierto, el maestro Maikel Iglesias ofreció una breve introducción a los asistentes sobre los orígenes de la actual Orquesta Sinfónica de Villa Clara que se remontan a 1923, cuando un grupo de músicos de Santa Clara fundó la entonces llamada Orquesta de Conciertos.

Explicó que en sus inicios, la agrupación se presentaba en teatros, sociedades de recreo y espacios públicos, llevando música sinfónica a una ciudad que vivía un intenso florecimiento cultural.
Asímismo dijo que con el paso de las décadas, la orquesta se consolidó como un referente en la región central de Cuba.
Explicó que pasó por distintas etapas: se vinculó al conservatorio local, amplió su plantilla, incorporó a jóvenes talentos y asumió el nombre de Orquesta Sinfónica de Villa Clara.
Como parte del homenaje, también fueron distinguidos músicos de relevante trayectoria con la condición de Personalidad Distinguida de Villa Clara, en reconocimiento a su aporte al desarrollo cultural del territorio.
Noel Cecilio Chinea, vicegobernador de la provincia, declaró a la ACN que esta tierra es una plaza indispensable en la cultura cubana, y que estas personalidades constituyen un símbolo en la formación de generaciones de músicos que hacen de su talento un servicio especial al pueblo.
Pese a los complejos contextos históricos, la orquesta ha mantenido viva su labor, hoy, al cumplir 100 años, se posiciona como una de las instituciones musicales más antiguas y estables del centro del país, y su aniversario no solo celebra un siglo de música, sino también la vocación de una comunidad que ha hecho de la sinfonía un patrimonio colectivo.

