Duarte fue clara desde el principio: “Estoy completamente segura de que, al igual que en Playa Girón, vamos a narrar las victorias de esta nueva revolución socialista. El pueblo mexicano cierra filas y hace todo lo que está en sus manos”. Dijo que es un privilegio tener un gobierno amigo, y citó a la presidenta Claudia Sheinbaum: “Es un orgullo ayudar al pueblo de Cuba”.
Pero Duarte no solo trajo solidaridad. También llamó a no rendirse en la batalla cultural. “A veces partimos de la idea de que no hay victorias —reflexionó—. Cuba es prueba de lo contrario. Llevamos 65 años de un hecho histórico, y ahí hay muchas victorias que poco se recuerdan”. Por eso insistió en que hay que comunicar pedagógicamente qué es el socialismo, sobre todo cuando “durante décadas nos han insistido en que solo hay un camino: el del capital y el imperialismo estadounidense”.
Su llamado fue a usar todas las herramientas disponibles: “Con cada pluma, con cada celular, con cada palabra, hagamos parir ese nuevo mundo socialista. Un mundo donde el hombre no sea el lobo del hombre, sino su compañero”. Celebró además la instalación de la sede de Patria en La Habana y alertó contra los algoritmos: “No podemos dejarnos llevar por lo que el algoritmo nos quiera mostrar. Hoy tenemos el momento histórico de cambiar la narrativa”.
La comunicación es un asunto de Estado
El chileno Pedro Santander tomó luego la palabra y puso el ejemplo de Irán. Contó que investigó tres semanas para llegar a La Habana con datos frescos.
Para Santander, la comunicación no es un tema menor ni una técnica de un ministerio. “Es un asunto de Estado —afirmó—. Si no lo entendemos así, el objetivo estratégico de derrotar al imperialismo no se alcanzará”.
Explicó que Irán cambió su estrategia comunicacional de golpe. Pasó de una comunicación lenta, “muy de civilización”, a una respuesta inmediata, al instante. “Crearon lanchas rápidas comunicacionales —dijo—. Entendieron la lógica algorítmica: el dato digital viaja, se viraliza. Hacen contenido para que vuele”.
También destacó el papel de las alianzas. “RT ha sido fundamental para impulsar lo que hacen los iraníes”. Y advirtió algo que a veces se olvida: “Si la verdad no es atractiva, se queda estancada. Nosotros tenemos la verdad, pero también hay que darle atractivo”.
Finalmente, propuso una idea simple pero poderosa: la guerra comunicacional tiene que ser descentralizada, pero unida por una misma doctrina. “Como decía Orwell, la unidad tiene que ser por doctrina. Si sabemos cuál es la nuestra, cada uno puede pelear desde su trinchera”.
Quien controla la circulación no controla el punto de presión
El brasileño Renato Rovai profundizó en el poder de las plataformas. “Cuando pensamos en disputa política, pensamos solo en dinero —dijo—. Pero no es suficiente”. Explicó que hoy “quien controla la circulación no controla el punto de presión”. El poder no está solo en lo que decimos, sino en cómo se distribuye lo que decimos.
Rovai llamó a las plataformas “las nuevas mediadoras culturales del mundo”. Y alertó: “Esta nueva generación es más conservadora que las anteriores, porque creció bajo el dominio de los algoritmos”. Puso el ejemplo de China, que limita el tiempo de los niños frente a las pantallas. “Ese control es parte de la organización de la sociedad”.
Denunció que las plataformas son “infraestructuras privadas de poder que dominan la opinión en el mundo”. Y criticó al “liberalismo progresista” por ceder ese terreno. “Hay que usar la verdad —dijo—, pero ellos se fijan más en la atención que en la verdad. Es el ciclo del miedo. Si ves una mentira, el chance de que se convierta en verdad es baja”.
Argentina: el dolor de haberse perdido a sí mismos
El momento más emotivo llegó con la argentina María Fernanda Ruiz. Habló con la voz quebrada, pero firme. Y se ganó varios aplausos del público.
“¿Cómo fue que nos pasó esto a los argentinos?”, se preguntó. Y respondió: “Porque nosotros, el movimiento popular, cometimos muchos errores. Generamos las condiciones para que Milei fuera presidente”.
Recordó que Milei dijo en campaña que la venta de niños y órganos es “lógica de mercado”, que las diversidades son “pedófilas”, y que “el Estado es un pedófilo en un jardín de infantes”. Todo eso lo dijo en televisión abierta. Y aun así ganó con el 56% de los votos.
“Detrás tuvo una arquitectura de comunicación política impresionante —explicó Ruiz—. 1 600 cuentas replicaban su voz. Mientras decía barbaridades, su figura crecía”.
Pero Ruiz no solo culpó a Milei. Fue más lejos. “Durante años padecimos un taladro en la conciencia del pueblo para deslegitimar la política. La política como mala palabra, como algo viejo, como corrupción. Y nosotros, un gobierno kirchnerista, tuvimos una distancia imposible con nuestro pueblo. Nos perdimos a nosotros mismos”.
Hoy, sin embargo, describió un escenario diferente. “Milei cae. Ha perdido el 87% de su volumen digital desde que asumió”. Y enfrente tiene un pueblo movilizado: un millón de personas en Plaza de Mayo, discapacitados reprimidos, niños con cáncer en el hospital Garrahan, científicos y universitarios en la calle.
“En digital, ese pueblo le gana en volumen a todo el espectro libertario —afirmó—. La lucha por la discapacidad generó 35 millones de acciones digitales en un solo día. Estamos igualados en poder digital con lo que Milei tenía en 2023. ¿Qué nos falta? Una expresión política que organice esas bases”.
Y entonces llegó la frase que cerró su intervención con un nudo en la garganta de muchos. “Las imágenes de Gaza nos hacen llorar. El dolor de los niños con cáncer nos hace llorar. Y necesitamos llorar para hacernos más fuertes. No lo vamos a lograr sin llorar. Me duele contradecir a Chávez cuando dijo que estaba prohibido llorar. Lo contradigo con amor y con compromiso”.
