Esta es una información que se debe compartir con la familia y los estudiantes desde el nivel primario, para desarrollar una adecuada percepción del riesgo sísmico (Figura 1).
Fuente de los sismos
Es conocido que la sismicidad es consecuencia de la liberación de energía en determinados puntos. La fuente de un sismo puede ser: la explosión de meteoros al entrar en la atmósfera, una detonación de gran potencia, la actividad volcánica, y las fallas tectónicas.
En Cuba la fuente volcánica no está presente ni hay registro de explosiones militares de gran potencia, de modo que el registro histórico de sismos presenta sólo dos fuentes: la explosión de meteoros en la atmósfera y las fallas sismogeneradoras.
Los registros de explosiones de meteoros en la atmósfera tienen importancia para la prevención de desastres, pues generan una actividad sísmica de baja magnitud en los registros sismográficos y por sí misma no implica riesgo alguno (Iturralde-Vinent y Arango Arias 2021b). En contraste, la mayoría de los sismos que históricamente afectaron el territorio cubano, corresponden a eventos comprendidos en la región del NW del Caribe, donde tienen lugar intensas deformaciones de la corteza terrestre, que provocan fallas de diversas características. En este sentido, ocupa un lugar relevante la “falla Oriente”, que está situada en el límite entre dos placas tectónicas: Norteamericana al norte y Caribe al sur (Figura 2).
Esta es una fractura de desplazamiento combinado, vertical y horizontal por el rumbo, que corre a lo largo del flanco norte de la trinchera de Caimán, hasta las Islas Caimán, la cual provoca una actividad sísmica muy frecuente, que representa la mayor fuente de peligro sísmico para Cuba. En especial se destacan los enjambres del SW de Cabo Cruz (enjambre 7, Figura 3), el de Pilón–Chivirico–Santiago de Cuba (enjambre 6, Figura 3), y el sur de Imías (enjambre 8, Figura 3). Otras fallas sismogeneradoras están distribuidas por todo el territorio nacional, las cuales se orientan con un rumbo general de 180º (N-S: Rumbo Banao), 120º (SW-NE: Rumbo Cubano), 90º (E-W: Rumbo Caimán) y 45º (SW-NE: Rumbo Camagüey). Estas fallas, llamadas “intraplacas”, son responsables de los focos de terremotos dispersos por todo el país (Figura 1), los cuales en algunas localidades llegan a forman densos enjambres, a menudo donde se intersectan dos o más fallas de distinto rumbo.
Sin embargo, es necesario enfatizar que los terremotos que ocurren alrededor de Cuba, ya sea en los fondos oceánicos como en las islas, pueden generar ondas sísmicas que alcanzan el territorio nacional, con una energía capaz de provocar daños, en dependencia de la distancia, profundidad del foco, y magnitud. En este caso resaltan los enjambres situados al NE de Las Tunas en Las Bahamas (Figura 3: enjambre 3), del N de Moa en tierra y mar (Figura 3, enjambre 5) y el del SW de Cabo Cruz (Figura 3, enjambre 7).
Otra fuente interesante de sismicidad es la falla de rumbo NW-SE situada al norte de la región oriental, que se ha evaluado como una prolongación de la falla sismogeneradora septentrional de La Española (Figura 3). Esta actividad se reconoce desde el 28 de enero de 1998, cuando ocurrió un sismo con Mw7.8. A partir de entonces se ha incrementado la actividad de sismos al Norte de Moa y su entorno (Figura 3). Otro enjambre intrigante está situado en Las Bahamas, al Norte de Las Tunas (Figura 3), el cual comenzó a manifestar actividad sísmica el 8 de noviembre de año 2022, sin registro sísmico previo. Estos hechos sugieren la posibilidad de que en el futuro se activen otras zonas sismogeneradoras.
Naturaleza de los sismos
La ocurrencia de sismos tiene mucho que ver con la acumulación y liberación de energía en las zonas sismogeneradoras. En las fallas, los focos se asocian a las superficies de fractura que separan dos porciones de la corteza terrestre (Figura 4).
En la superficie de estas fallas hay sectores donde existen irregularidades, imaginemos como unas rugosidades, que frenan y ralentizan el deslizamiento por el plano de falla. En esos nudos “rugosos”, se acumula energía potencial, la cual se libera cuando los esfuerzos alcanzan la fuerza necesaria para vencer la resistencia de la rugosidad, y se produce una ruptura seguida de un desplazamiento brusco.
En ese instante la energía potencial se libera y transforma en energía cinética, que se propaga en forma de ondas elásticas (Las conocidas ondas P, Z y Superficiales). La energía liberada con cada sismo, representa, teóricamente, la posibilidad de que cada rugosidad libere poco a poco la energía acumulada, y así es posible que no ocurra un evento de gran magnitud. Sin embargo, hay casos cuando después de un terremoto de gran magnitud, le siguen otros de mayor magnitud y menores, lo que puede significar que el primero preparó las condiciones para que se liberara más energía en otras rugosidades y en fallas cercanas, donde existía una gran cantidad de energía acumulada. Los sismos que ocurren en el entorno y después del evento principal se denominan “réplicas”, y pueden sumar cientos y hasta mil, manteniendo su actividad durante muchos meses.
La liberación de energía depende de la rugosidad existente en cada superficie de falla, y del tipo de falla en concreto (Figura 4A). En Cuba el sistema de falla Oriente, con dos tipos de desplazamiento, vertical y horizontal, es donde ocurren los terremotos más peligrosos (Figura 4B).
Análisis comparativo de la sismicidad registrada el año 2025
El pasado año 2025 la actividad sísmica en Cuba y su entorno cercano se ha caracterizado por la moderada cantidad de eventos, ninguno de magnitud mayor de Mw4* (Figura 5). Este comportamiento, en comparación con los años precedentes hasta el 2020 (Tabla 1), no muestra diferencias significativas. Los sismos totales de Mw>3 oscilan entre 3 482 y 5 258, con un pico de 12 806 el año 2024, a cuenta de la ocurrencia de numerosas réplicas del evento de Mw7 que sacudió toda la isla. Los eventos perceptibles oscilaron entre 13 y 25 por año.
Respecto a las magnitudes, solo en 2023 y en 2024 hubo eventos de gran magnitud.
Este comportamiento pudiera mantenerse el presente año 2026, pero esta afirmación no se puede subrayar, ya que los datos históricos muestran que los parámetros sísmicos pueden variar súbitamente en el tiempo, debido a que las tendencias de la geodinámica terrestre no se manifiesta en un marco temporal anual, sino más bien en periodos de acumulación y liberación de energía que pueden abarcar varios años, en dependencia de la velocidad de desplazamiento de las placas litosféricas que interactúan en sus contactos.
Años Total de eventos Total de perceptibles Mayor magnitud alcanzada
2025 5 258 15 4
2024 12 806 20 6
2023 5 446 14 7
2022 3 482 13 5
2021 4 679 20 5.1
2020 5 255 25 5.9
Tabla 1. Comparación de la sismicidad en Cuba durante los años 2020 a 2025. Fuente CENAIS.
Peligro Sísmico en Cuba
En Cuba se han llevado a cabo numerosas valoraciones del peligro sísmico, las que han ido incorporando los nuevos datos disponibles, así como los conocimientos y tecnologías que se han ido desarrollando con el tiempo (Álvarez y otros 1989, 1991; Chuy-Rodríguez 1980a; Iturralde-Vinent y Arango Arias 2020; Cotilla 1998a, 1998b). Los mapas de peligro sísmico en años anteriores fueron elaborados por Chuy (1980a, b), basados en las intensidades históricas de los terremotos. En la actualidad se elaboran los mapas de peligro sísmico basados en las aceleraciones del terreno, parámetro de gran importancia para los ingenieros civiles (Norma sísmica Cubana).
Los registros históricos permiten afirmar que algunos sismos muy dañinos, con magnitudes entre Mw5.0 y Mw8.0, se han detectado todo el territorio de Cuba (Morales 1931; Chuy 1980; Arango-Arias e Iturralde-Vinent 2024a); aunque su peligrosidad depende no sólo de la magnitud y cercanía al foco, sino, sobre todo, de la vulnerabilidad de la infraestructura construida (Chuy 2003), y los tipos de suelos presentes en cada lugar (Ordaz-Hernández y otros 2011).
Además, es importante destacar que el territorio cubano también está amenazado por terremotos cuyos epicentros pueden estar situados a muchos kilómetros de distancia, sobre todo si son de gran magnitud (Mw>6). Este es el caso de las zonas de actividad sísmica localizadas en las inmediaciones de las Bahamas, La Española, Jamaica, los fondos del Caribe cercanos a Cuba, y en el entorno de Islas Caimán (Figura 5).
Las ondas elásticas emitidas por los sismos originados fuera del territorio nacional, pueden provocar oscilaciones de los edificios altos, vibraciones de las paredes, caída de objetos, y en extremo, derrumbes parciales o totales. Ejemplo de ello son los terremotos ocurridos en Haití 2010, que provocó oscilaciones en algunos edificios altos de Bayamo, y el de Islas Caimán 2020, que fue perceptible en toda la extensión de la isla de Cuba.
El análisis de la distribución de los epicentros de actividad sísmica histórica, permite distinguir tres grandes regiones sismológicas en Cuba, a saber: Occidental (Pinar del Río, Artemisa, La Habana, Mayabeque, Matanzas e Isla de la Juventud); Central (Villa Clara, Cienfuegos, Sancti Spíritus, Ciego de Ávila y Camagüey), y Oriental (Las Tunas, Holguín, Granma, Guantánamo y Santiago de Cuba). En los párrafos siguientes procedemos a su breve caracterización.
Región Occidental. La actividad sísmica histórica ha sido mucho menor en esta región que en el resto del país, pero dicho territorio no esté exento de peligrosidad (Morales 1931; Álvarez y otros 1989; Hernández y Ramírez 2013). Desde el 11 de junio del año 2023 la región se ha mantenido en calma sísmica, aunque no se descarta la posibilidad de que hayan ocurrido sismos sutiles, de magnitud menor de Mw1, los cuales quedaron fuera del rango de sensibilidad de las estaciones sismológicas.
Sin embargo, la ausencia de actividad sísmica en esta región, no se puede considerar una buena señal, pues no cabe duda de que la acumulación de energía esté teniendo lugar y puede provocar un terremoto de gran magnitud, en cualquier tiempo futuro. Sobre todo, si se toma en cuenta que el 29 de junio de 2021, ocurrió un sismo de Mz5,1 en San Cristóbal, el cual generó más de 700 réplicas, y tuvo un antecedente en el año 1880, cuando ocurrió un evento muy destructivo, cuya intensidad se estima en VIII (Chuy 1980). Aquel terremoto arrasó con las instalaciones de mampostería en las ciudades de San Cristóbal y Candelaria, incluidas la iglesia, la cárcel y otras oficinas del gobierno, así como las torres de los centrales azucareros situados en las afueras. En contraste, las casas de madera soportaron los mismos pulsos sísmicos sin mayores consecuencias (Viñez y Salteraín 1880).
En años pasados se registraron terremotos en la zona norte de Matanzas hasta los límites con la provincia de Villa Clara, eventos que causaron daños en la infraestructura turística de Varadero y fueron sentidos en Ciudad de La Habana (Varadero: 7 octubre 2000, Mw2.7 a Mw2.8; 30 julio 2017, Mw4.5; Corralillo: 9 enero 2014, Mw4.9; y Jagüey Grande: 16 de diciembre de 1982, Mz5, que provocó rajaduras de paredes en varios centros escolares. Según los datos históricos se han definido en alerta sísmica las localidades de Artemisa, Varadero y Jagüey Grande, donde se deben respetar estrictamente las normas de construcción sismoresistente (Figura 6).
Región Central. La actividad sísmica histórica, en la región central, se puede considerar moderada, pues la cantidad de sismos anuales se mantiene muy por debajo de Cuba Oriental (Morales 1931; Chuy 1980; Cotilla-Rodríguez 1980a, b; Arango-Arias e Iturralde-Vinent 2024a). Según las estadísticas se han definido en alerta sísmica las ciudades de Remedios, Caibarién y Esmeralda, donde históricamente han ocurrido terremotos que han provocado daños a las edificaciones de mampostería no reforzada. Por tal motivo, en estas localidades y su entorno se deben seguir estrictamente las normas de construcción sismoresistente (Iturralde-Vinent y Arango-Arias 2025).
Región Oriental. Esta es la región de mayor peligro sísmico de Cuba, donde la actividad histórica se concentra en grandes enjambres, que alcanzan cientos de kilómetros cuadrados (Morales 1931; Chuy 1980a, b; Arango-Arias e Iturralde-Vinent 2024a) (Figura 3). En esta región se localizan los terremotos más fuertes registrados hasta la actualidad, asociados a la falla Oriente (Figuras 2 y 3). Entre estos se destacan, en años recientes, el enjambre de terremotos del sur de Santiago de Cuba y los terremotos de Pilón-Uvero con Mw6.7 y Mw5.8 del 10 de noviembre de 2024, que causaron cuantiosas pérdidas materiales en viviendas y edificaciones de carácter social. Tomando en cuenta las estadísticas se han definido, en alerta sísmica, las ciudades de Pilón, Santiago de Cuba, Bayamo, Manzanillo, Gibara, Moa y Baracoa, donde se deben seguir estrictamente las normas de construcción sismoresistente (Iturralde-Vinent y Arango-Arias 2025).
Conclusiones
De acuerdo a la experiencia derivada de los eventos sísmicos ocurridos en Cuba, es conveniente rememorar las recomendaciones de Arango-Arias e Iturralde-Vinent (2024b) para reducir el riesgo sísmico. Estas son:
– La reducción de vulnerabilidades debe comenzar por reforzar las escuelas, los hospitales y los edificios multifamiliares, y progresivamente, cualquier otra edificación que presente debilidades estructurales.
– Toda nueva construcción debe responder a criterios sismoresistentes de acuerdo con las normas cubanas.
– Todos los hospitales, fábricas, edificios públicos y multifamiliares, situados en zonas con alta peligrosidad sísmica, deben disponer de una señalética con orientaciones a seguir en caso de que ocurra un evento sísmico.
– La ocurrencia de sismos fuertes no tiene fechas ni temporadas previsibles, de manera que debe mantenerse un programa regular de concientización por los medios de comunicación y desarrollar ejercicios de entrenamiento para elevar la preparación de la población y los directivos, con la finalidad de promover una ética de comportamiento responsable.
- El pronóstico de los terremotos aún le queda mucho camino por andar, pero hay una regla muy simple que reza así: “Donde ocurrió un sismo de Magnitud X, siempre existe la posibilidad de que ocurra otro de igual o mayor magnitud en el futuro”.
