Según la Organización Mundial de la Salud, en 2024 se registraron más de 10 millones de casos nuevos en el mundo. Y cada día mueren por esta causa más de mil doscientas personas. No es una enfermedad del pasado. En muchos países, sigue siendo una urgencia silenciosa.
En medio de ese panorama, Cuba ha mantenido un comportamiento distinto. El modelo de salud de la isla no espera a que el paciente llegue al hospital con síntomas avanzados. La estrategia se sostiene en dos acciones sistemáticas: la vacunación universal con BCG al nacer y la pesquisa activa en la comunidad.
Médicos y enfermeras recorren los barrios para identificar síntomas respiratorios, estudiar a los contactos de casos confirmados y detectar la enfermedad en etapas tempranas.
El resultado se refleja en los indicadores. Mientras el promedio de incidencia en América Latina ronda los 23 casos por cada 100 mil habitantes, Cuba reporta una tasa por debajo de siete, según datos del Ministerio de Salud Pública.
Y cuando se detecta un caso, el tratamiento es gratuito y supervisado diariamente. Eso evita abandonos y reduce el riesgo de que el bacilo se vuelva resistente a los medicamentos.
Esto no significa que la enfermedad esté erradicada. En Cuba todavía se presentan casos, y el desafío de las tuberculosis farmacorresistentes es una preocupación mundial. Pero lo que muestra la experiencia cubana es que esta enfermedad no se combate solo con tecnología de punta: se combate con organización del sistema de salud y con acceso equitativo.
En el Día Mundial de la Tuberculosis, mientras en muchas regiones los programas de detección dependen de que el paciente acuda por su cuenta, en nuestro país se sostiene una idea central: hay que salir a buscar la enfermedad para poder controlarla.
Vacunar al nacer, buscar en la comunidad, tratar sin costo. Esas tres acciones, aplicadas con consistencia, explican por qué Cuba mantiene indicadores propios de países de altos ingresos, a pesar de tener recursos limitados.
