Estos jóvenes prodigios no solo llevan la bandera de Cuba en sus mochilas, la llevan tatuada en el alma. Representan el talento, la entrega y el amor profundo por nuestra patria. A pesar de las dificultades, han estudiado con disciplina, han sacrificado horas de sueño y han demostrado que el compromiso con Cuba no es solo una palabra, es una actitud diaria.
Que este equipo sea ejemplo para todos los cubanos: de que con talento, esfuerzo y amor por la patria se pueden alcanzar grandes metas. Ellos nos recuerdan que Cuba merece lo mejor de nosotros, y que cada día debemos seguir luchando, preparándonos y mejorando para seguir poniendo nuestro país en alto.
¡Vamos Cuba!
¡Que brillen en Uzbekistán como brillan siempre los hijos de esta tierra!
