Esta historia podría ser contada por cualquiera de las féminas cubanas que hoy cumplen misión internacionalista, pero nos acercamos a la experiencia de la doctora Seidy Chaviano Rodríguez, neonatóloga que hoy labora en Argelia. Hasta allí han llegado sus pasos, mientras su corazón sigue latiendo en Santa Clara, junto a su familia.
— Doctora, es su primera misión internacionalista y en un país muy distante de Cuba. ¿Cuál fue la primera impresión que tuvo al llegar a Argelia? ¿Cómo se ha enfrentado a la diferencia de idioma, a la geografía?
Me encuentro en este país desde el mes de junio del 2024, específicamente en una wilaya (provincia) que se encuentra al sur de Argelia, que se llama Ouet, en el desierto de Sahara.
Desde que llegamos, uno siente el respeto de la población hacia los médicos cubanos, son personas muy hospitalarias. Incluso sin conocerte, aún sin entender nuestro idioma, pero sabiendo ellos que somos médicos cubanos, se acercan a nosotros y nos preguntan si somos de la patria de Fidel, del Che, en su idioma, pero uno lo entiende por la forma, el lenguaje de señas, que nos salva en muchas ocasiones.
Es muy lindo saber, que en un país que se encuentra al otro lado del mundo, Cuba ha sabido dejar su granito de arena. Ellos admiran al pueblo cubano, a los médicos cubanos, agradecen la atención que nosotros les estamos dando aquí y eso uno lo ve en la calle cuando camina, nos identifican con Fidel. Y es una cosa muy bonita y muy gratificante en esta misión, cuando uno está lejos de la familia, saber que hay alguien que agradece nuestra presencia aquí.
— ¿Qué labor específica realizas allí como parte de la brigada médica cubana?
Aquí me desempeño como médico neonatóloga y formo parte de la brigada médica cubana del programa materno-infantil. Mi especialidad no es una especialidad como tal en este país (Argelia), aquí tienen la especialidad de pediatría y dentro de ella atienden a los neonatos, pero no es una especialidad independiente como la tenemos nosotros en formación en Cuba, por lo tanto, acá en Argelia, los neonatos son atendidos por los médicos cubanos.
— Aquí, en Santa Clara, la capital provincial de Villa Clara, laboras en el hospital materno Mariana Grajales. ¿Qué cambios has tenido que asumir en tu trabajo dentro de un sistema de salud diferente al cubano?
El sistema de salud pública en Argelia no tiene creado un programa materno-infantil con las características del nuestro en Cuba. Acá trabajo en un hospital público donde no existe atención prenatal con el mismo control y rigor que lo tenemos allá.
Esto provoca una repercusión negativa, teniendo en cuenta además que este es un país muy religioso y tiene sus creencias y costumbres. Aquí existen muchos matrimonios entre familias y esa consanguinidad trae consigo disímiles alteraciones a nivel del feto y posteriormente en la etapa neonatal. En Argelia no se permiten las interrupciones del embarazo, por tanto, toda mujer, una vez que salga embarazada, pues tiene que llegar al término de la gestación.
Todo esto repercute después en los resultados en la parte neonatal, que ha sido para mí una de las experiencias más grandes, teniendo en cuenta el alto índice de malformaciones que existen, la mayoría solo las había conocido y leído por los libros durante mi carrera, pero nunca imaginé verlas y realmente ha sido una experiencia triste. Muchas de estas malformaciones culminan en el deceso de los bebés e incrementan el índice de mortalidad.
— ¿Te sientes satisfecha con la labor realizada?
Sí, sí me siento satisfecha con la labor que estoy realizando en la misión. Satisfecha porque es muy gratificante cuando tú le das el alta a un niño y le puedes dar la felicidad a esa familia de entregarle un bebé vivo, que es el mayor orgullo y satisfacción de un neonatólogo, poderle salvar la vida a los bebés.
— Cada noche después de atender, de cuidar durante las guardias lo más preciado que existe para una madre que son sus hijos, cómo recuerda Seidy a sus pequeños Salet y Saúl, tan distantes. ¿En qué piensa Seidy al otro lado del mundo?
Qué pregunta más difícil la que me acabas de hacer. ¿Qué pienso cada noche al otro lado del mundo con mis seres queridos allá en Cuba? Hay muchos sentimientos encontrados, hay mucha añoranza, hay muchos deseos de volverlos a ver. La misión es una experiencia única que uno vive en el plano laboral, pero es muy difícil cuando te tienes que separar de tu familia y solo conformarte con una videollamada en la cual, por suerte y gracias a la tecnología, nos permite estar al pendiente diario, a veces tres y cuatro veces al día.
Sí, te pierdes muchas cosas del día a día, pero la esencia de estar unidos a la familia, no. Trato siempre de estar pendiente de ellos en las mañanas antes de salir para el trabajo y para la escuela. Yo le pido siempre a Dios que proteja mucho a mis hijos y me los cuide. Es muy difícil estar separado de la familia.
