El Mejunje se ha convertido en un espacio esencial para que prendan las buenas ideas e iniciativas, que revolucionan el contexto sociocultural santaclareño. Es por eso que allí, la más reciente novedad presenta ya sus buenos resultados, que como casi siempre irradian en otras direcciones.
Gastronomía es esta vez la palabra de orden, porque se trata del arrendamiento de la cafetería del local a 4 particulares, que a menos de una semana de trabajo ya han revitalizado la esencia del sitio. Así opinan los clientes:
«Las ofertas son tan baratas que no parecen de particulares, pero sin lugar a dudas lo mejor es la variedad de platos criollos y asequibles a todos los de estrechos recursos, que con no más de 8 pesos pueden almorzar.»
Mientras la gastronomía genera críticas de diverso corte, y por otro lado el cuentapropismo presenta nuevas ofertas atractivas pero costosas, es de destacar que aparezca un sitio donde la excelencia en el trato ofrezca comida barata, criolla y no pensada para el enriquecimiento de sus vendedores, sino con la esencia inclusiva y popular que caracteriza el mejunje de Silverio:
«Lo importante es que se rescate en un centro cultural como este el sentido de las antiguas fondas donde cualquiera podía comer con muy poco dinero. Pero le añadimos el fuerte sentido cultural que caracterizan nuestras variadas ofertas.»
Sin ánimo publicitario alguno, he de mencionar que aquí el café es más barato en cualquiera de sus muchas modalidades y —asombroso pero cierto—, su calidad es mejor. También los spaguetis, la yuca con mojo y empellas, o la campesina harina de maíz acompañada de boniato tienen su espacio, con horarios que abarcan desde las 10 de la mañana hasta la 1 de la madrugada, o sea mientras duren las opciones culturales en un sitio de renombre nacional.
«Por supuesto que todo el que labore en este lugar debe saber que lo hace para el pueblo, y tiene que entregarse sin prejuicios a servir a los amigos que aquí se reúnen.»
Como es de suponer, por la historia del centro cultural aquí la colaboración es la protagonista esencial, y no es raro que la vajilla, o el fogón sean prestados por algún miembro de esa gran familia. Para resumirles el cuento, he visto satisfecho una verdadera cooperativa donde el beneficiado es el visitante de estrechos recursos.
La pregunta no es ociosa ¿Dónde si no? Otra vez se lleva las palmas, el Mejunje de Silverio.
Foto de archivo




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