Hay una flor diferente este 25 de abril en el sagrado y definitivo campamento de la guerrilla del Che en Santa Clara. Es el nicho de Eliseo Reyes Rodríguez, Rolando, caído heroicamente aquel “día negro” de 1967.
Combatiente de pequeña estatura, pero de increíble agilidad y valentía, recibió la misión de poner una emboscada relámpago ante el inminente encuentro con tropas del ejército boliviano.
Al quedar en una posición descubierta Rolando es alcanzado en una pierna por el fuego de una ametralladora calibre 30, la sangre corre a raudales y le empapa el pantalón y las botas; su cuerpo cae sin conocimiento, pero aprisiona fuertemente el fusil.
Así lo encuentran sus compañeros y lo llevan ante el Che, quien al examinarlo intenta cogerle una vena para pasarle el único plasma con que contaban, pero no dio tiempo.
Así moría Eliseo Reyes Rodríguez, el San Luís de la Sierra Maestra, quien cumplió las más riesgosas misiones siendo casi un niño; el combatiente que acompañó al Guerrillero Heroico en la invasión a Las Villas, el delegado del Ministerio del Interior en Pinar del Río, y el que por sus méritos integró el primer Comité Central del Partido.
El momento era de profundo dolor en la guerrilla; Che, se aparta del grupo y llora amargamente, como el padre que acaba de perder a un hijo, al mejor de sus guerrilleros
El 16 de abril del año 2000 los restos de Eliseo Reyes fueron encontrados, luego de tres años de intensa búsqueda, y trasladados a esta ciudad de Santa clara, donde descansan en el Memorial, junto a los de su querido jefe, y el resto de sus compañeros.
Su grandeza de héroe se resume en la frase del poema de Neruda que el Che le dedica en la página de su diario. “Tu cadáver pequeño de capitán valiente, ha extendido en lo inmenso su metálica forma”.




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