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Roberto Mederos peléo por vengar la sangre de Eduardo Chibás Cuando el líder de la Ortodoxia, Eduardo René Chibás, se suicidó ante los micrófonos de la CMQ en su histórico «último aldabonazo», el joven sagüero Roberto Mederos Rodríguez se encontraba cerca y fue salpicado con su sangre. Ese hecho daría un vuelco definitivo en la vida en el joven villaclareño, nacido en Sagua la Grande, quien al llegar a su casa le comentó a su padre que la sangre de Chibás sería vengada y barrida la politiquería en Cuba.
Roberto Mederos Rodríguez nació en Sagua La Grande el 21 de febrero de 1929 y 24 años después engrosaría la lista de los mártires de la Generación del Centenario, pues fue uno de los seis villaclareños que acudió aquel 26 de julio de 1953 al llamado de la Patria.
Segundo hijo de una humilde familia sagüera de procedencia obrera, su padre era trabajador de los ferrocarriles; de niño se radicó en la capital de la República, en la calle Monte No. 360, entre Amistad y Águila, en pleno corazón de la Habana Vieja.
Cursó estudios solo hasta sexto grado, pues imperativos económicos lo obligaron dejar la escuela, a pesar de su clara inteligencia y gusto por las letras.
Con 14 años comenzó a trabajar en la sección filatélica de una librería ubicada en Obispo y Bernaza, labor que le permitió relacionarse con estudiantes de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y compartir junto con ellos su admiración por el líder antiimperialista Antonio Guiteras.
Amante de la justicia y enemigo de la corrupción que existía en Cuba durante los gobiernos auténticos, Roberto Mederos pasó a militar en la Acción Juvenil Ortodoxa (AJO), donde llegó a ser Secretario Provincial en La Habana y estableció vínculos de amistad con Fidel y con otros jóvenes revolucionarios.
Después del golpe de estado del 10 de marzo de 1952, intensificó su accionar. El sagüero estuvo presente en la Jura de la Constitución en rechazo a los Estatutos Provisionales impuestos por Batista, así como en el simbólico velorio y entierro de la Constitución del 40, donde, entre otros, participaron también Ñico López, Calixto García y Armando Hart.
Años después, su padre, Pablo Enrique Mederos Moreira, recordaba que su hijo le hablaba de que habría en Cuba una Revolución hecha por los jóvenes, la que barrería con los traidores a la Patria y haría realidad los sueños de Martí, de quien se consideraba un ferviente admirador.
El villaclareño participó en actos de calle, manifestaciones y otras acciones riesgosas contra el régimen y pasó a formar parte de una de las células clandestinas del Movimiento. La suya, dirigida por Ñico López, en la que también militaron Gerardo Álvarez Álvarez, Juan M. Ameijeiras Delgado, Pablo Cartas Rodríguez, Félix Rivero Vasallo y el santaclareño Osvaldo Socarrás Martínez, participantes en las acciones del 26.
El 24 de julio de 1953 se despidió de su familia y alrededor de las once de la noche partió con el pretexto de un viaje a Varadero con unos amigos. Al irse de la casa, dijo que regresaría el domingo 26 por la tarde. Nunca lo hizo. Iba a una cita con la historia, de la cual no regresaría.
De Roberto Mederos y sus firmes convicciones patrióticas afirmaba su padre: «Si mi hijo hubiera sobrevivido al Moncada, lo hubiéramos visto después en la gloriosa expedición del "Granma", en la Sierra y hoy, junto a Fidel, junto al pueblo, en las avanzadas de esta Revolución, pues mi hijo nació para ser revolucionario (...)». (Narciso Fernández y Migdalia Cabrera) |