La fórmula para rendirle tributo a Efigenio

¿Como rendirle tributo? Una sola fórmula existe. Si el enemigo persiste en su afán de destruirnos, lo enfrentaremos cada uno con el valor y arrojo de Efigenio.

Ha muerto un héroe, de carne y huesos como todos los héroes, de valor probado como todos los héroes, que no fue infalible y por eso fue un héroe. La infalibilidad se reserva a los dioses.

Lo vi solo una vez. Éramos 2 ó 3 muchachos, estudiantes de la ESBEC "Carlos Roloff", de Cumanayagua, dispuestos a cruzar una cerca para robar unas naranjas del plan de cítricos. Tiene que haberlo adivinado al vernos en nuestros ojos de infantiles hambrientos, porque nos regaló varias, mientras un adulto nos decía: agradézcanselas al Comandante Efigenio Ameijeiras.Yo solo sabía entonces que era un héroe de la Sierra Maestra.

Poco después me contaron, aunque no he podido comprobar los hechos, la historia de un taxista de mi tierra que fue policía hasta que le soltó una palabrota al Comandante en la Loma del Abra, sin conocerlo por supuesto, tras detener su auto al apreciar que iba a exceso de velocidad.

Dicen que le respondió: “Mira si lo soy, que soy uno de los sobrevivientes del yate Granma”, y a renglón seguido le recordó el respeto con que debe tratar un policía a un ciudadano. Y él sí sabía lo que decía porque fue el primer jefe que tuvo la Policía tras el triunfo de enero.

Si hay algo de leyenda en esta historia ruego me disculpen, pero no tiene nada de increíble,  Efigenio era así, un manantial de anécdotas dejó a su paso por la antigua provincia de Las Villas.

Fue un hombre valeroso que estuvo en todas las batallas después que fuera asesinado su hermano Juan Manuel en el Moncada. Vino en el Granma, subió a la Sierra, no por casualidad fue Comandante y segundo de Raúl en el Segundo Frente Oriental, enfrentó a los bandidos en el Escambray y a los mercenarios de Girón, fue internacionalista en Argelia y Angola. ¡Cómo pueden caber tantos méritos en una sola biografía!  Y era un hombre, de carne y huesos, como lo dijo su compañero de Combate, el comandante Machado, al despedir sus restos.

¿Como rendirle tributo? Una sola fórmula existe. Si el enemigo persiste en su afán de destruirnos, lo enfrentaremos cada uno con el valor y arrojo de Efigenio.

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