Evocan trascendencia de alzamientos del 24 de febrero de 1895

Organizada por José Martí y dirigida por el Partido Revolucionario Cubano, se reinicia en Cuba la guerra por la independencia.
El espíritu de los mambises pervivió hasta muchos años después, cuando unos barbudos retomaron el proyecto trunco de Cuba soberana. Foto: Archivo

Organizada por José Martí y dirigida por el Partido Revolucionario Cubano, se reinicia en Cuba la guerra por la independencia el 24 de febrero de 1895.  En Villa Clara, la fecha se recordó con un acto político-cultural en la zona de Cafetal González, Manicaragua. Escuche precisiones en el reporte en Audio.


    En la región oriental, la jefatura del movimiento está compartida por dos veteranos de la Guerra de los Diez Años: Guillermo Moncada y Bartolomé Masó, y su rasgo fundamental es el carácter masivo que adquiere rápidamente.
   Mientras, en occidente los alzamientos de Juan Gualberto Gómez, en Ibarra, y los de Jagüey Grande y Aguada de Pasajeros, carentes de una base social fuerte y un núcleo de oficiales veteranos, resultan sofocados con la detención de sus principales dirigentes. 

LEGADO PARA LOS CUBANOS DE HOY

Con visión exacta, José Martí reveló en 1893 que la Revolución se
aproximaba, a pesar del fracaso de la expedición de La Fernandina.
   Ese revés, en lugar de desanimar al fundador del Partido
Revolucionario Cubano (PRC), exacerbó su ímpetu, pues al decir de
Julio Le Riverend, la crisis azotaba furiosamente al pueblo, en
vísperas de la Guerra que se reiniciaría el 24 de febrero de 1895,
continuidad de la iniciada por Céspedes el 10 de octubre de 1868.
   Rafael María Merchán, denunciaba también la situación imperante en
en su libro “Cuba: justificación de sus guerras de independencia”,
texto publicado  por el Ministerio de Educación en 1961 y que sería
oportuno reeditar en ocasión del  aniversario 150 del inicio de las
Guerras  por la Independencia.
   Señalaba en su texto el patriota (Manzanillo 1844 –Bogotá, 1905)
los desmanes imperantes en la Isla:   “la corrupción administrativa,
la discriminación racial, la inmigración con fines de enriquecimiento
inmediato, la deficiencia de la enseñanza y la adulteración del
sufragio”
   Había llegado España al límite del sufrimiento y la paciencia de los cubanos.
   En medio de ese panorama desolador, recibe Juan Gualberto Gómez la
orden firmada por Martí, José María Aguirre –en representación de
Máximo Gómez- y Enrique Collazo, para iniciar la guerra en que los
pinos viejos del 68 lucharían juntos a los del 1895.
    Se orienta el levantamiento general para la segunda quincena de
febrero de ese año,  y en la Isla los principales jefes mambises se
deciden por el día 24.
   En Oriente se produce el grueso de los alzamientos: en Baire se
levantan los hermanos Lora y Jesús Rabí, pero se escuchan disparos
también en Ibarra, Matanzas, donde en aquella épica madrugada emiten
el Grito de Independencia o Muerte, el mulato Juan Gualberto, Antonio
López Coloma y otros patriotas.
    Guillermón Moncada,  en Alto Songo; Bartolomé Masó, en su finca
Colmenar, cerca de Manzanillo;  en el mogote, contiguo a Bayamo,
Joaquín Estrada y Cantillo, y Quintín Bandera, en San Luis (Santiago
de Cuba),  prenden fuegos “artificiales”.
   Es el fuego de las armas y no el de la pirotecnia del carnaval  que
por esa época debía celebrarse en muchos lugares de Cuba  y mucho tuvo que ver con la selección de la fecha que inició una contienda más
popular que la desatada por Céspedes, en  Demajagua, el 10 de octubre
de 1868.
    En varios puntos de la Isla, algunos afirman que en 35, irrumpe la
sublevación, incluida la  finca “La Confianza”, cerca de la ciudad de
Guantánamo, donde  el Mayor General Pedro Agustín Pérez
(“Periquito”), el coronel Emilio Giró Odio y otros patriotas se
pronuncian con las armas  por la emancipación del dominio colonial
español.
    Tiguabos, San Andrés del Vínculo, El Yarey, Cecilia y Baitiquirí,
también secundan a los principales líderes guantanameros,
protagonistas de una insurrección general, tan bien delineada que
sirvió al poeta Regino Boti, para reflejarla en la tesis con que en
1913 obtuvo su admisión a la Academia de Historia de Cuba.


   El 24 de febrero de 1895 se titula su investigación, cuya idea
central consistía en que el Grito de Baire (denominación con que se
sintetizaron y trascendieron a la posteridad aquellas jornadas)
palidecía en comparación con “lo acontecido aquel día en Guantánamo y
sus inmediaciones”.
   Justo es recalcar, en abono de la tesis de Boti,  que la primera
victoria en la guerra recién comenzada la alcanzan en la tarde del 24
de febrero de 1895  el joven Enrique Tudela y un puñado de valientes
con la toma del fortín de Morrillo Chico,  en la costa sur
guantanamera, donde ocuparon armas y municiones.
    No obstante la historiografía revolucionaria cubana apoyó la tesis
de no circunscribir, a un solo lugar, lo que fue un alzamiento
general, y Pichardo y Portuondo, entre otros acuciosos investigadores,
respaldan la de varios alzamientos simultáneos, resultado de la sabia
orientación de Martí.
 Dista de ser criticable el emocionado arrebato del poeta en favor del
Grito de Guantánamo, cuestión que quedó zanjada posteriormente a su
deceso en agosto de 1958, poco antes del triunfo de la Revolución,
pero 13 años después de que renunciara a su escaño en la Academia de
Historia, por la negativa a aceptar su planteamiento.
  Lo importante, lo trascendental, es que el 24 de febrero de 1895 se
puso en marcha el motor de la insurrección en Cuba y cada región tuvo
una tarea que cumplir: la de Guantánamo, garantizar la llegada, en los
días subsiguientes, de sus principales líderes, para ponerse al mando
de la guerra.
    De que llegarán sanos y salvos ello se encargarían Felix Ruenes,
en Duaba,  Baracoa, por donde desembarcaron Antonio Maceo y Flor
Crombet, el primer día de abril.
   Gracias a la pericia de "Periquito”, las arenas de Playitas de
Cajobabo, hoy lugar sagrado de la Patria, fueron testigo una noche
lluviosa y de mar encrespado,  del arribo de José Martí, y el
Generalísimo Máximo Gómez.
    La Revolución estaba salvada, y desde Matanzas hasta el Alto
Oriente Cubano, todos los patriotas contribuyeron a su salvaguarda.
(Por Pablo Soroa Fernández, ACN)