Siete de diciembre, renovado homenaje al Titán de Bronce

Siete de diciembre, renovado homenaje al Titán de Bronce

Días después de la caída en combate del Lugarteniente General Antonio Maceo, el Generalísimo Máximo Gómez apuntó en su diario :  “Me despierta la noticia de la muerte de mi hijo Pancho y del General Antonio Maceo, ocurrida en Punta Brava, Provincia de La Habana, el día siete del actual. Algunos de mis compañeros abrigaban la esperanza de que pudiera ser falsa la noticia, pero yo siento la verdad de ella en la tristeza de mi corazón”.

Su presentimiento resultó real. Aquel siete de diciembre de 1896 el Titán de Bronce se encontraba en los potreros de Punta Brava, al oeste de  La Habana, en terrenos divididos por cercas de piedras y de alambre de púas  que hacían de la zona el peor campo de batalla para las cargas de caballería mambisa y facilitó a las fuerzas españolas el ataque por sorpresa al campamento cubano.

Pero el Lugarteniente General se aprestaba a convertir en victoria la embestida hispana y ordenó cortar una cerca de alambres, cuando  disparos de soldados enemigos, emboscados tras otra barrera de piedra, lo abatieron y entonces prevaleció  la desorganización en las filas mambisas.

En aquella fatal jornada  dos hechos sobresalieron a la desmoralización general: el sacrificio de Panchito Gómez Toro, hijo de Máximo Gómez y ayudante de Maceo, quien  convaleciente de una herida se dirigió al lugar donde se encontraba su jefe y cayó junto a él. Igual de prominente fue el gesto del  Coronel  Juan Delgado, quien bajo las descargas enemigas, pudo unir un pequeño grupo de valientes y  rescató los cadáveres de ambos y los enterró en lugar seguro.

Los festejos colonialistas en la Isla fueron numerosos por la muerte del gran  jefe mambí, hubo replicar de campanas y festividades en pueblos y ciudades como ya lo habían hecho en mayo de 1895 celebrando la caída en combate de José Martí, y como entonces se trató de equiparar el hecho con el fin de la insurrección. Pero poco duró esa falsa ilusión.

Los patriotas se sobrepusieron al duro revés y el Ejército Libertador con el Generalísimo Máximo Gómez al frente supo honrar  la memoria del Titán de Bronce  derrotando a los mejores batallones españoles con lo que se vislumbraba la victoria final, que no obstante fue frustrada por la intervención del naciente imperialismo estadounidense, peligro vislumbrado por José Martí y por el propio Antonio Maceo, caídos tempranamente   en la gesta independentista.

Las balas españolas lejos de acabar con las doctrinas de Martí y Maceo, las hicieron ideales imperecederos del pueblo cubano que guiaron las nuevas campañas de redención durante más de medio siglo de lucha desde la falsa república  hasta la victoria  definitiva alcanzada con la Revolución  el primero de enero de 1959.

Así a más de un siglo de la caída en combate, el Titán de Bronce se renueva cada siete de diciembre  desde que en 1989 ante el monumento que guarda sus restos  y los de su ayudante Panchito Gómez Toro en el Cacahual, y en toda la Isla se rinde homenaje en  esa fecha  a la memoria de los caídos en misiones internacionalistas.

Ese histórico día, con la presencia  del Comandante en Jefe, culminó  la Operación Tributo que retornó a la Patria los restos de más de dos mil cubanos caídos principalmente en tierras africanas,  que al decir de Fidel combatieron al colonialismo, el racismo y el neocolonialismo, contra el cual también se alzó el machete de Maceo y la fuerza de su pensamiento en el siglo XIX.