Es Fidel quizás a quien más recordemos con la certeza de saberlo presente, alguien que nunca se ha ido y sigue en la memoria de este pueblo que lo recuerda inmenso y eterno. Él nos convocó a lo inmenso, a lo grande.
Se le evoca entre ciclones, desastres, dando aliento a los más necesitados, impulsando proyectos o inaugurando obras. Es Fidel con quien nos embanderamos para hacer esta obra. Hoy se le recuerda vivo, convocando y haciendo, porque es imposible no verlo desde la inmensidad de su obra y con su indeclinable posición de principios.
Es él y solo él quien nos convocó a convertirnos en un pueblo extraordinario que se multiplicó por el mundo con batas y cascos blancos, quien inspiró libertar a África y hacer desaparecer el apartheid de la faz de la tierra.
Cuba fue otra y única desde el triunfo revolucionario de 1959 porque Fidel hizo de los cubanos hombres de ciencia, convirtió al país en potencia médica mundial, liberó la nación de analfabetismo, declaró el deporte derecho del pueblo y convirtió a humildes jóvenes en campeones mundiales y olímpicos, logró vencer al imperialismo en solo 72 horas, nos convirtió en internacionalistas y con él Cuba se volvió la esperanza de América y del mundo.
Fidel sigue presente, con su paso firme y desde la inmortalidad llama a seguir su legado humanista, solidario e internacionalista.