Por más de 50 años los residentes en las montañas de Villa Clara alrededor del lago Hanabanilla surcan las aguas para llegar hasta las escuelas, transportar sus cosechas, y en época de elecciones se convierte en un colegio electoral flotante.
Este cuatro de septiembre más de una decena de infantes, llegaron hasta la escuela primaria Mariana Grajales, luego de navegar por las apacibles aguas del único lago intramontano de Cuba.
Todos residen en las tierras adscriptas a las cooperativas Tomás Niebla y Reynaldo Richie, muy intrincadas en el lomerío y tienen a esa embarcación como único medio de transporte para llegar hasta Hanabanilla, poblado más cercano, donde está ubicada la escuela.
Reikel Rojas, de quinto grado, reside en Naranjito, el punto más distante del lago, por eso siempre es el primero en subir al barco, el pequeño dijo a la ACN que disfruta el recorrido porque conversa y juega con sus amigos.
El estudiante agregó que se levanta antes del amanecer porque tiene que andar un buen trecho hasta llegar al atracadero.
Ketty González, quien acompaña a su hijo a la escuela, comentó que ese modo diferentes de ir a estudiar ya es parte de la tradición del lugar, pues así lo hicieron sus padres y abuelos.
Reconoce la lugareña que hace muchos años la embarcación era más rudimentaria, ahora es un barco espacioso con todos los aditamentos requeridos para esa labor.
La joven madre agregó que cuando llegan al puerto final una de las educadoras espera a los niños para llevarlos hasta las aulas.
Eliecer Curbelo, es el patrón que tiene la noble misión de cada día, a partir de las cinco y media de la mañana llegar hasta los diferentes muelles para conducir a la rivera opuesta a los infantes.
Comenzamos temprano porque las distancias son grandes y debemos arribar al punto final antes de la siete y media así evitamos que lleguen retrasados a las aulas, explicó.
La embarcación está en óptimas condiciones y la tripulación habilitada para navegar, además contamos con los recursos necesarios en caso de accidentes como sirenas, radiofonía, entre otros medios, aseveró.
En horas de la tarde el recorrido se realiza a la inversa, después de las cuatro y media, cuando los planteles escolares comienzan a perder la algarabía de los pequeños, Siguanea llena su cubierta con los rostros alegres y traviesos de los niños que regresan a casa.
Los padres los esperan en los muelles, a lo lejos la sirena avisa que la nave se acerca; luego con destreza y rapidez los tripulantes sueltan las amarras, atan el navío y los pequeños saltan a tierra firme, desde allí en mulos o a pie concluyen el camino de vuelta a sus hogares.
Al día siguiente retoma la noble misión de conducir sobre las aguas del lago Hanabanilla a los niños serranos para garantizarles la instrucción y sabiduría.

Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Foto: Ismael Francisco/Cubadebate.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
La llegada a la comunidad Hanabanilla. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Entre risas y cuentos se sube la cuesta para llegar a la escuelita. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Camino a clases. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
La anécdota del día y la sabiduría infantil se dejan escuchar antes de entrar a clases. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Un alto en la cafetería de la comunidad donde algunos “llenan la mochila”. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.
Izan la bandera y cantan el Himno de la Patria antes de entrar al aula. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate.