Podemos llorar, pero jamás dejar caer su espada

Podemos llorar, pero jamás dejar caer su espada

Nos alertó desde el último congreso del Partido, que a él también le tocaría su turno, pero no le creí. Y pienso que me perdonen, pero eso nunca se lo voy a creer. Si le creyera sería muy difícil levantarme y no hay otra manera de ser leales que custodiar su legado y mantenerlo vivo.


Duele mucho, lo sé, la conmoción es universal pero se nos mezcla con la terrible pena, el orgullo de saber que no ha parido jamás un ser humano superior la humanidad. Ya sé que me iré de la vida con dos sueños incumplidos, como periodista, entrevistarlo y como discípulo, estrechar su mano, pero no importa. Pienso para animarme en aquellos que lloran ahora mismo desde la trinchera del silencio sin poder expresarlo siquiera.

Los hombres y mujeres comunes tenemos el privilegio de poder permitir que broten nuestras lágrimas. Lo primero que vino a mi mente al conocer la noticia fue enviarle un mensaje a mi padre que ya vive su año 80.

“Cuídate viejo, que ahora te necesito más”. Él mismo me había dicho un día que a Fidel debía quererlo más, porque fue quien hizo más por mí. Y hablo de un padre excepcional. Me enseñó a amarlo sin palabras, solo viéndolo cumplir aquella encomienda de Camilo de que cuando Fidel hablaba no había tarea más importante que escucharlo.Contándome las historias familiares para que no olvidara nunca mis raíces, enseñándome que no hay virtud que pueda compararse con la gratitud. Y fui tomando conciencia desde niño, ya no era la atracción sentimental hacia el héroe sino la convicción profunda en la justeza de sus ideas.

Los humildes de Cuba le debemos todo, gracias a él dejamos de ser invisibles como en la historia precedente cuando solo importaban en tiempos de elecciones para comprarle el voto y seguir sumiéndolos en la pobreza. Pero no hay un pueblo en el planeta que no esté endeudado con Fidel, porque los defendió con fiereza cuando muchos callaban.

Ningún pobre de la tierra quedó huérfano desde que Fidel entró en la historia y nos sembró el espíritu de compartirlo todo, hasta la vida. Del Comandante debieran decir sus adversarios en estos momentos de dolor lo que dijo el digno militar español Ximénez de Sandoval al conocer la muerte de Martí: "Cuando fallecen hombres de hidalga condición, desaparecen odios y rencores".

Estamos devastados, no hay por qué negarlo, pero nos anima la seguridad de que la defensa del legado de Fidel nos unirá como nunca y que sabremos cumplir su orden de defender y perfeccionar cada día la obra que él fundara. Fidel no se va, Fidel se queda. Y por eso sobrevive la esperanza. Podemos llorar, pero jamás dejar caer su espada.

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comentarios
  • Dalia Correa Álvarez


Muy sentida tu crónica, así la esperábamos, porque como nosotras, eres y serás eternamente admirador de Fidel y seguidor de sus ideas, con él Hasta la Victoria Siempre...............Dalia Correa

  • Pavel

Jesús Álvarez López,que buen escrito el tuyo,100% de acuerdo contigo,cuando un Pueblo Viril Llora,la Injusticia Tiembla,hoy lloramos los Cubanos Verdaderos,los de Adentro y los de Afuera,Nuestro Fidel Vivira por Siempre el Corazon de cada Verdadero Cubano. Fidel"Hasta la Victoria Siempre"
Desde Rusia mis mas profundos pesares por tan Grande desaparicion.