Aquel día que vi por primera vez a Fidel

En la jornada inaugural, Fidel visitó los talleres recién estrenados y se interesó por cada detalle de la moderna industria, de tecnología japonesa. Foto: Cortesía de la Textilera.

Yo sé que esto pudiera ser noticia solo para mí, pero uno no siempre escribe para los demás, también lo hace para desahogarse, para sacarse cosas de adentro.  Quien no me crea que pregunte a los poetas. Pero yo nunca voy a olvidar el 2 de diciembre de 1979, exactamente hace 40 años.


Con 18 años y tres meses apenas en el aula de primer año de Filología de la Universidad Central, alguien me preguntó (no recuerdo quién) si quería participar en el acto de inauguración de la Textilera al que asistiría el Comandante en Jefe Fidel Castro el domingo.

Recuerdo como ahora que solté un CLAROOOOOOOOO con decibeles de guajiro. Sabía que iba a encontrarme con la historia viva, la asignatura preferida  desde que aprendí a leer.

Fidel apareció en la tribuna con puntualidad absoluta. De su extraordinario discurso de aquel día, no suficientemente estudiado, muchas ideas tienen plena vigencia todavía.  

- “Tenemos que exportar..Y el país no puede estar pensando: construyo y lo consumo todo, sencillamente, aunque tengamos necesidades”.

- “En muchos aspectos nuestro pueblo ha ganado en organización y en disciplina, pero no es suficiente, ni mucho menos, y será necesario adoptar las medidas para lograr el máximo de disciplina”.

- “No debemos engañarnos con la idea de que los problemas son solo subjetivos: la pobreza es la pobreza y el subdesarrollo es el subdesarrollo. Pero nuestro deber más sagrado es que todo lo que dependa de los hombres se haga como debe hacerse”.

- “Tenemos dificultades, tenemos deficiencias, tenemos debilidades, ¡pero las venceremos! y las venceremos con el espíritu proletario”.

Yo nunca había aplaudido tanto, me fui del acto con las manos rojas. Y fui también de los que levantó la mano con la inmensa mayoría de los presentes a favor del nombre “Desembarco del Granma”, decidido allí en magnífica lección de democracia.

Nunca antes había visto a Fidel en persona. Y no solo lo vi a él, porque ese día el gigante vino acompañado de Raúl, Almeida y Ramiro. Ante mis ojos juveniles apareció aquel día la historia viva de mi Patria. ¡Cómo podría olvidar aquel 2 de diciembre de 1979!