Gonzalo Guerra Álvarez conserva en su memoria innumerables recuerdos que lo remontan a los combates en Playa Girón.
Se encontraba de pase en su casa y dormía plácidamente cuando su mamá le informó que estaban bombardeando los aeropuertos de San Antonio de los Baños, Ciudad Libertad y Santiago de Cuba; lo estaban diciendo por radio. Resuelto se vistió con la ropa de miliciano, se colocó la mochila y partió hacia la Escuela de Responsables de Milicias, en Matanzas.
El 15 de abril de 1961, cuando llegó, la mayoría de los estudiantes de zonas cercanas ya estaban formados en el patio, porque, según cuenta Gonzalo, el director del centro, el entonces capitán José Ramón Fernández Álvarez, el Gallego, les había advertido que ante cualquier situación debían regresar.
«Recuerdo que era el alumno 518, tenía 22 años, y estaba seguro que ante un ataque enemigo las piernas no me podían flaquear. Partí, junto a mis compañeros a Playa Girón, para estrenarme como combatiente ante la invasión mercenaria, concebida y organizada por el gobierno de los Estados Unidos».
Pasados 58 años, Gonzalo sostiene una vieja revista Verde Olivo y muestra su foto en ella: «Ese flaco soy yo, y mi mamá me reconoció en esa instantánea», rememora.
«Estábamos tendidos sobre la zanja de la carretera. Llegó un periodista de esa revista y nos causó cierta gracia porque preguntó por los mercenarios.
En ese momento, una ráfaga de ametralladora salpicó el terraplén. Se lanzó al suelo aterrorizado. Le sugerimos que en lugar de tomarles fotos a los mercenarios, que nos las tomara a nosotros. Así es la anécdota de esa fotografía».
Gonzalo insistió en la fuerte preparación física que tuvieron para enfrentarse a los combates:
«Primero tuvimos que escalar el Pico Turquino tres veces. Fue una prueba física que muchos no soportaron. Luego de la primera misión, recibimos la orden de tomar Playa Larga, tarea difícil, por las condiciones del terreno: ciénaga a cada lado. Los aviones ametrallaban todo el tiempo. Nos hicieron unas cuantas bajas para evitar nuestro avance hacia la playa», señaló Guerra Álvarez.
Recuerdo indeleble de Girón
Horas antes de entrar en combate, cuenta Gonzalo que uno de sus compañeros lanzó una granada hacia unos bejucos para confirmar si había o no mercenarios. Rebotó hacia el grupo, se echaron al suelo, y él terminó con una esquirla incrustada en el rostro, de lo que se percató solo días después, cuando la herida se le infectó. Como recuerdo indeleble de Girón, lleva con orgullo la cicatriz en una de sus mejillas. Al día siguiente los bombardearon aviones enemigos. Él, previamente, había calculado que un cercano carro cargado de caña sería el lugar propicio para esconderse.
Cuando salió corriendo para el refugio, «no cabía uno más allí, otros habían pensado igual que yo», asegura.
Gonzalo atesora con orgullo su diploma de graduación, firmado por Fidel Castro Ruz, en ese entonces primer ministro; Raúl Castro Ruz, ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias; Juan Almeida Bosque, jefe del Ejército Rebelde, y José Ramón Fernández Álvarez, director del centro.
«La graduación no se hizo, porque llegamos a la escuela en medio de una situación compleja, con muchos muertos y heridos. Se hizo porque fuimos valientes y aún siendo muy jóvenes no le temimos al combate. Entonces nos entregaron el diploma y la boina que todos ansiábamos tener».
Gonzalo Guerra Álvarez militó durante 26 años en las Fuerzas Armadas Revolucionarias y se licenció siendo teniente coronel. Como muchos otros hombres que participaron en los combates de Playa Girón, él guarda en su memoria como recuerdos imborrables esos instantes en que se le ocasionó al imperialismo su primera gran derrota en América Latina.
«Cuando somos jóvenes, quizás no nos percatamos de la relevancia que tiene el momento histórico o la trascendencia de determinadas decisiones que se toman en un instante. Luego continué repasando los sucesos de Girón y supe detalles que no conocía un simple combatiente. Eso sí, estábamos dispuestos a dar la vida por la Revolución», concluyó Guerra Álvarez.