Vilma Espín: el renacimiento de 88 años de vida (+Audio)

Vilma Espín: el renacimiento de 88 años de vida

Hoy cuando el país se transforma y cambia el contexto nacional e internacional, Vilma Espín Guillois, con sus 88 años, sigue siendo necesaria, o más bien, imprescindible porque sus luchas están ahí, vigentes, guiándonos para darlo todo, y seguir soñando con un país mejor.

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Sonríe con esa ternura que la identificó. La voz suave que cantó las melodías más hermosas y las nanas que se inventó para sus hijas, su hijo y sus nietos, o las canciones de amor para su compañero de siempre, fue la misma que se alzó, fuerte, contra la dictadura de Fulgencio Batista, la que habló tantas veces a las mujeres de Cuba y del mundo en un  país en Revolución.

Fue la voz que previó el futuro con Frank País, cuando era Alicia, Débora, Mónica, Mariela, o asumió tantos y tantos nombres para ser una mujer de su tiempo. La que subió del llano a la Sierra y se convirtió en la compañera inseparable de lucha de Fidel y Raúl.

Fue ella misma, la joven ingeniera química de Santiago de Cuba, hermosa, segura, que muy pronto comprendió que su destino era luchar por su país. La sensible muchacha que amó el deporte, la música, el ballet, que cambió sus vestidos finos por el uniforme de campaña, de rebelde revolucionaria.

Allí está, en un campo de caña, con el machete en la mano, compartiendo en un trabajo voluntario con los obreros, sudando el futuro.

Allí está, fundando junto al Comandante en Jefe, aquel 23 de agosto  memorable, la Federación de Mujeres Cubanas para cumplir la encomienda del líder cubano de hacer de la revolución de las mujeres “una Revolución dentro de la Revolución”.

Allí está en tribunas internacionales, hablando con las razones de las hijas y los hijos de este país, salvando la esperanza, abrazando a las líderes femeninas del planeta que siempre la identificaron como un paradigma.

Hoy, cuando se acaba de presentar la Convocatoria al Décimo Congreso de la FMC, Vilma Espín renace con su ternura, pero también con la rectitud de una combatiente que no se rindió nunca, ni siquiera en su enfermedad, para seguir luchando en todas las trincheras por la igualdad y la equidad, por el respeto a los seres humanos, por los derechos de las mujeres, por erradicar cualquier vestigio de discriminación, por el apoyo a la familia, a la juventud y a la infancia.

Allí está Vilma, en sesiones de las Asamblea Nacional del Poder Popular, con sus ideas preclaras para incluir la visión de género en cualquier debate, en cualquier nueva ley por aprobarse.

Hoy cuando el país se transforma y cambia el contexto nacional e internacional, Vilma Espín Guillois, con sus 88 años, sigue siendo necesaria, o más bien, imprescindible porque sus luchas están ahí, vigentes, guiándonos para darlo todo, y seguir soñando con un país mejor.