Varias son las generaciones de Instructores de Arte que ha tenido nuestro país desde el triunfo de la Revolución y la idea sugerida por el Comandante en Jefe, Fidel Castro, de extender la cultura a todas las comunidades de la Isla. Ellos precisamente han sembrado la semilla de la creación en los corazones de muchos de las actuales figuras de la cultura cubana.
Para Mercedes Pérez de Baza, instructora de arte de la Brigada José Martí y especialista de la Cátedra de Música en la Casa de Cultura Juan Marinello, es un orgullo ver a quienes han sido sus alumnos desarrollándose en un escenario, convertidos unos en artistas profesionales o simplemente mostrando al público esa obra que con tanto trabajo y esfuerzo lograron montar.
Llegar hasta cada rincón de la Isla para llevar la cultura y transmitir sus conocimientos artísticos, fue la misión encomendada por Fidel cuando el 18 de febrero de 2001 constituyó el Programa de escuelas de Instructores de Arte, inaugurando la EIA Manuel Ascunce Doménech, en Villa Clara. Miles de sus alumnos integran la Brigada José Martí, quienes hoy realizan su labor en escuelas, casas de cultura, prisiones y en los distintos consejos populares.
“El instructor para crear tiene que sentirse artista, porque si uno no se siente artista no puede crear” expresa Mercedes al valorar que esta es una profesión en la que el amor y el sentido de pertenencia resultan las principales herramientas para llevar adelante la cultura y descubrir esos talentos ocultos que habitan en las comunidades.
Precisamente para homenajearlos y reconocerlos se instauró el 18 de febrero, fecha del natalicio de Olga Alonso, como el día del Instructor de Arte.




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