Eusebio Leal: Hijo gozoso de su tiempo

Eusebio Leal: Hijo gozoso de su tiempo

Una de las principales novedades de la presente Feria Internacional del Libro resulta la venta de varios volúmenes debidos al Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de La Habana.

Por vez primera, la Editorial Boloña pone a disposición de los lectores cubanos de todo el territorio nacional, y a precios módicos, un total de 25 títulos entre novedades y reimpresiones.

Precisamente, para que la palabra desafíe los designios de quien la ha pronunciado y no vuele lejos (Verba volant, opra manent), Boloña ha entregado a los lectores el libro Hijo de mi tiempo, que recoge, en poco más de doscientas páginas, una serie de conferencias, artículos, palabras pronunciadas en homenaje a intelectuales y entrevistas que dan fe de la fecunda labor de uno de los más destacados intelectuales de Cuba.

El también Premio Nacional de Patrimonio Cultural (2012) ha expresado en disímiles ocasiones que prefiere la palabra hablada a la escritura. Heredero de las mejores tradiciones de la oratoria griega, martiana y fidelista, Leal Spengler es, tal como se expresa en el prólogo, “un orador de extraordinario encanto que sabe utilizar la palabra como útil arma para crear opinión, ejercitar la memoria colectiva y transmitir el valor del patrimonio artístico y cultural”.

Conocedor profundo de la historia patria y la universal, Leal Spengler no se detiene ante los tabúes, porque sabe y dice que lo que no podemos negar es la historia, pues esa fue como fue y no como hoy queremos que haya sido.

Y es que el conferencista va al detalle, investiga y reencuentra conocimientos ya guardados en la memoria profunda al leer nuevamente los volúmenes que antaño le sirvieran para cultivar su saber y su espiritualidad.

Sin duda, mientras mejor formación cultural tenga el lector podrá disfrutar más de Hijo de mi tiempo, pero a su vez esta compilación es por sí misma una cátedra de humanidades, que puede servir como festivo estímulo para iniciarse o enriquecerse en la cultura mundial y cubana.

A través de estos escritos, el lector conocerá a la patriota Emilia Teurbe Tolón, del medio milenio de la villa primada, Baracoa, de las raíces del humanismo americano; así como se adentrará en la relación de Napoleón con el nuevo continente y en la historia e importancia de preservar el Malecón habanero.

Cuba, Martí, Céspedes y La Habana parecen obsesionar al historiador, quizás haciendo gala de  su humilde cubanía. Todas sus intervenciones le sirven para honrar a la patria y a los héroes, hombres que para Leal dejan de ser mármol blanco perlado y de mirar desde la altura de un pedestal, pues Eusebio no cree en la infalibilidad de los ilustres: aquellos que más luz reciben son los que más sombras proyectan.

Tampoco el carácter multicultural y multirracial de sus raíces lo acomplejan, ni reniega de su fe religiosa. La historia del hallazgo de la mulata Virgen de la Caridad del Cobre  en pleno mar por los tres Juanes, uno negro, otro indio y el último español, además de simbolizar la fusión de las culturas que darían origen al cubano, deviene metáfora que el historiador aprovecha para despertar sensaciones y hacer saber que esa virgen es la patrona de todos en esta isla, ya sean creyentes o no.

Por otro lado, el autor llama a la reflexión, a que se preserve lo que el país ha hecho, porque sufre verlo autodestruirse y conoce del placentero desgaste por recuperar los valores patrimoniales identitarios, y también porque sabe que si logramos superar las inequidades que todavía perturban a nuestra sociedad, entonces nuestra patria tendrá la dignidad a la que aspiramos.

Alguien comentó en cierta ocasión que cuando Eusebio deje de estar entre los vivos y habite la ciudad futura, será beatificado por aclamación popular. Y si, como Leal mismo ha afirmado, el milagro indiscutible del padre Félix Varela es y tiene que ser Cuba; el suyo propio tendrá que ser, necesariamente, La Habana.