Cuba se mueve y sin recetas de afuera llega al consenso nacional de edificar su destino para sostenerse y crecer como nación. Es la moraleja del VI Congreso del Partido, un suceso que movilizó el pensamiento ciudadano mucho antes de sus sesiones oficiales, que concluyeron con la necesaria presencia de Fidel Castro, el cubano que más nos enseña a pensar por cuenta propia.
Como la peor verdad es esa que no se dice, fueron millones, millones los que en la isla grande expresaron a su manera y sin la presencia de un censor, qué hacer contra todo eso que considera una telaraña. La apertura llegó a un punto tal que hasta una simple opinión de abajo modificó lo que inicialmente habÃan propuesto arriba ministros y otros expertos del aparato estatal.
Cuba, incluida siempre y por los de siempre en la lista negra de los que prohÃben la libre expresión, más que un tiro de gracia al falso consenso, acaba de mostrarle al mundo que la unidad no excluye las diferencias, que con un solo Partido basta para que sobre la pluralidad como táctica de cambio.
El qué se quiere en Cuba ha quedado claro, queda pendiente lo más difÃcil: el cómo y el cuándo se hará, he ahà el nuevo desafÃo de los cubanos por todos y con la opinión de todos.




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