"… Creo que uno de los errores cometidos por todos nosotros, fue creernos que sabÃamos construir el socialismo y lo dábamos por sabido", dijo Fidel en la Universidad de La Habana aquel 17 de noviembre de 2005. Tengo la opinión de que es cierta esta idea de un pensamiento crÃtico como el de Fidel.
Tres elementos hay que analizar: las ideas del marxismo que ganaban terreno en el mundo, las experiencias de la Unión Soviética en la construcción del socialismo y la decisión en Cuba de enrumbar ese camino.
En nuestro paÃs no se abrazó el Socialismo por entusiasmo, ni para acercarnos a la URSS buscando su protección ante las amenazas y acciones continuas del enemigo. En nuestro paÃs ya existÃa una tradición de lucha, un presupuesto antiimperialista patrocinado por el pensamiento martiano y patriótico del paÃs y en cierta medida una inclinación hacia el marxismo en varios de los principales jefes revolucionarios, encabezados por Fidel.
Libros de Marx y Lenin son fuentes que varios de los combatientes del Moncada tienen en la cabecera de su cama; el propio Fidel en el juicio por los sucesos del 26 de julio espeta al Fiscal que quien no lea las obras de Lenin es un ignorante polÃtico, de manera que cuando se proclama el Carácter Socialista de la Revolución el 16 de abril de 1961, vÃspera de la invasión por Playa Girón, ya todos sabÃamos que ese era el único camino que tenÃamos en Cuba.
Pero el Socialismo que comenzamos a forjar era un socialismo de supervivencia.
A mediados de los años 80, la economÃa mejoraba, y ya en el 84 y 85 la las proteÃnas se compraban a precios muy bajos, los precios se mantenÃan aceptables y la moneda nacional tenÃa valor, pero a finales de esos años comenzó la desestabilización de la Unión Soviética hasta que se produjo su derrumbe y se anunció en Cuba el inicio del PerÃodo Especial que significó un retroceso para la economÃa nacional.
Pero, ¿cuál socialismo queremos?
Nuestra sociedad se ha democratizado tanto que estamos discutiendo los cambios del modelo económico no solo en el Parlamento y trasmitido por la televisión, sino en los centros de trabajo y en los barrios con las masas. Por eso se ha dicho que el Congreso del Partido comenzó con los trabajadores.
Es tanta la justeza de lo que hacemos que el Presidente del paÃs aparece en la televisión y públicamente se pronuncia contra los errores y favorece los cambios de hoy.
La economÃa socialista se fortalece, se abren nuevos cambios pero la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción se mantiene firme, y se concilia el humanismo y la espiritualidad del proceso con las medidas necesarias a partir del principio de que la Revolución no dejará desamparado a nadie.
Ese es el Socialismo que queremos, donde el desarrollo económico se alcance y las carencias
disminuyan, donde prosigamos con el sentido de justicia y de solidaridad que ha caracterizado siempre a la Revolución cubana.
El ascenso no es fácil. Los cambios son fuertes y se hacen en medio de una crisis mundial que nos lastima, pero después de estos años de fuego y sacrificios, alcanzaremos nuestro objetivo socialista. Estamos convencidos.
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