Lo que políticamente está sucediendo en Cuba no sucede en otra parte del mundo, y lo que hoy políticamente acontece en el mundo no sucede en nuestro país.
En otras latitudes: huelgas, cientos de miles de personas en la calle que logran poner en crisis a sus gobiernos… la policía y el ejército enfrentando a golpes y disparos a las multitudes… los políticos buscando alianzas entre ellos y mintiéndole a las masas… heridos, presos y muertos en las trifulcas represivas… el Fondo Monetario Internacional repitiendo sus falsedades de buen amigo, la quiebra de bancos y grandes empresas alimentando los grandes temores de los pueblos.
El cubano de hoy, sin embargo, es capaz de criticar. Pide la palabra en una asamblea y dice que está de acuerdo con tal medida pero que con aquella otra no. Es que se ha ampliado y fortalecido el espacio para el análisis, para la reflexión severa, y sentimos por el país y la Revolución ese sentido de pertenencia que hay que defender a toda costa.
La conciencia nacional no está pasiva, mirando desde la acera lo que sucede. Es una conciencia crítica activa que se pronuncia y moviliza, que fustiga lo mal hecho ahora en las asambleas de los barrios donde se discute sin censura lo que hay que hacer, y en esas reuniones hay obreros, intelectuales, amas de casa, policías, soldados, desempleados y todo tipo de representaciones de nuestro pueblo.
Esto significa que nuestra democracia es sólida y profunda en la misma medida en que la conciencia de esa política trata también de encontrar una salida a los problemas económicos que nos dañan, que nos castigan como a cualquier ciudadano de Túnez, de México, o de cualquier otro lugar del mundo; pero sabiendo que el Partido y el Gobierno cubanos trabajan para encontrar el camino mejor a partir del principio de que la Revolución no abandona a nadie.
El modelo económico lo estamos cambiando, pero el sistema no. No queremos ni el Neoliberalismo, ni la Perestroika ni la Glasnov. Lo que buscamos es una sociedad más feliz. Lo que queremos construir es una sociedad sin bloqueos, sin carencias vitales y estamos en condiciones de hacerlo.
El presente crítico no niega el pasado heroico. Sabemos reconocer los errores porque recordamos aquella máxima sentencia de Vladimir I. Lenin cuando dijo:
“La seriedad de un Partido revolucionario se mide, fundamentalmente, por la actitud ante sus propios errores”. Concepto este tomado por Fidel cuando en marzo de 1962 señaló:
“…nuestra seriedad de revolucionarios y gobernantes se medirá por nuestra actitud ante nuestros propios errores”.
Todavía los revolucionarios cubanos podemos explicarnos nuestros errores, acosados por un enemigo tenaz, fuerte y capaz de agredirnos militarmente. No tenemos otra opción que el socialismo, pero me queda una pregunta en el aire que trataré de responder en el próximo comentario: ¿Cuál socialismo queremos?
(Continuará)




Twitter
Myspace
Mister Wong
Del.icio.us
Yahoo
Googlize this
Facebook