Por Servicio Especial Sábado 18 de Febrero de 2012 17:50
Sigue en pie el cardinal llamamiento hecho por Martí a los compatriotas revolucionarios en 1895, ya iniciada la contienda emancipadora: “De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento”.




Luego de meses en que el gobierno de Estados Unidos intentó silenciar las razones de Cuba para apresar al norteamericano Alan Gross por actos contra la independencia de la isla, y evitó reconocer su responsabilidad en el caso, la verdad se abre camino en la prensa mundial.
De más está decir que si existe un sentimiento irreverente y loco, ese es el amor. No importa en qué etapa de la vida llegue, pues ya sean los adolescentes cargados de adrenalina y hasta los maduros y respetables profesionales, no pueden evitar el galope del corazón, o los pensamientos más disparatados y felices que se puedan concebir. El amor es una dicha, incluyendo las crisis de celos, llantos, reconciliaciones, suegros y etc., y sin saberlo nos preparamos para recibirlo desde el primer día de nuestra existencia.
En cualquier calle de La Habana, y por toda Cuba, se pueden ver familias enteras incorporadas al trabajo por cuenta propia, una modalidad de empleo a la cual se han sumado miles de personas y cuya aceptación da indicios de que llegó para quedarse y multiplicarse.
Disfruté recientemente la lectura de las memorias de Daniel Chavarría, el intelectual de origen uruguayo que llegó a Cuba hace más de 40 años cargado de sueños, y tras compartir con nosotros triunfos y errores enfatiza su convencimiento de vivir en la sociedad más justa, ética y solidaria del planeta. Pero no siempre pensó igual. Al arribar a nuestro país el entonces joven intelectual de ideas izquierdistas sufrió decepciones que expone así: