La ciencia ayuda a gestionar: Los pares independientes

La ciencia ayuda a gestionar: Los pares independientes
Foto: Imagen ilustrativa/ Sputnik.

La ciencia verdadera lo es justamente por ello, porque busca y expone la verdad, aquello que puede considerarse cierto para cualquiera y no depende de la interpretación de alguien en particular.

Un claro ejemplo es la verdad imbatible de que la Tierra que habitamos es un cuerpo del universo muy similar a una esfera. Es redonda. No solo es verdad porque alguien nos lo diga desde la ciencia, sino porque los que lo dicen nos han descrito fielmente cómo llegaron a esa conclusión. Muchos han repetido el procedimiento y comprobado su certeza de forma independiente. A esa forma de validar la verdad se le conoce como “verificación por pares independientes”.

Si un investigador afirma que ha producido una semilla que puede multiplicar la producción de un determinado cultivo, se puede tratar de un excelente avance. No obstante, para completar la verdad científica es preciso primero que el investigador haga públicos los resultados detallando cómo los obtuvo y cómo los comprobó él mismo. Eso debe ser analizado por revisores o “árbitros” independientes, preferiblemente de identidad desconocida por el investigador. Todos y cada uno de ellos deben aceptar como creíble y bueno el procedimiento de investigación y los datos obtenidos. Esta es una primera verificación por pares independientes “anónimos”. De pasar inevitablemente esa prueba, después esa semilla debe ser usada por otros pares que comprueben lo que afirma el investigador. Solo así esa productividad anunciada como resultado de la investigación debe ser considerada como una verdad científica útil en la práctica.

Prácticamente todos los dispositivos que ahora mismo usa el lector de estas líneas existen y son útiles porque la ciencia y la tecnología modernas están edificadas usando estos procedimientos de principios.

Solemos decir que nuestros centros de investigaciones están llenos de resultados que no se han aplicado. Eso es un hecho comprobado por muchos. Sin embargo, también ocurre que no todas nuestras instituciones de investigación científica tienen creados los mecanismos más efectivos de publicación en órganos independientes, ni de revisión de resultados por pares, ni con la rigurosidad adecuada. Un fallo en las promesas de efectividad de un determinado resultado que no se haya verificado adecuadamente puede ser demoledor no solo para el prestigio y credibilidad del investigador o institución que lo haya producido, sino de la ciencia toda.

Una de las formas de verificación por pares independientes es la publicación nacional e internacional de los resultados. Las revistas científicas respetables tienen estos mecanismos de pares anónimos muy perfeccionados y permiten confiar en los resultados publicados en ellas. No es, desgraciadamente, una situación universal. Han aparecido en el mundo muchos medios de publicación que se consideran científicos pero que en realidad son órganos para lucrar con los pagos que hacen algunas instituciones por sus publicaciones. Como en todo, la corrupción también acecha a la ciencia, y la guardia no debe bajarse nunca en torno a la verdad y la honestidad. Ahora nuestra Academia de Ciencias de Cuba está realizando un enorme esfuerzo porque su revista científica alcance el prestigio que merece a partir del cuerpo de árbitros independientes más formidable del país, que es justamente el de nuestros académicos.

En tiempos de COVID-19 y la carrera por la vacuna salvadora esto se hace más claro. Se puede tener lo esencial para una vacuna, incluso alcanzar resultados convincentes por un grupo, pero una que sea verdaderamente efectiva y sin riesgos de ser ella misma propagadora de la enfermedad requiere de comprobaciones que trascienden a sus propios creadores. También de tiempos que son simplemente inevitables para que un par independiente certifique que sí, que se trata de una vacuna efectiva e inocua.

Un colega, lector y amigo, escribió hace poco: “Recientemente tuve una experiencia muy interesante. Encontré aquí en un kiosko de [] algo que parecía que era corrupción. Le escribí a Contraloría denunciando el hecho. Semanas después me vino a ver una mujer, que al principio yo creía que era de Contraloría; pero no amigo, era... la gerente de la misma [] que yo criticaba. ¡Contraloría pasó mi crítica a los mismos criticados y ellos hicieron “su investigación” de los hechos! Por supuesto no encontraron problemas...”. Expresó también que había escalado la denuncia a un nivel superior y que el resultado fue parecido, pues se le tramitó al nivel superior de la organización de la tienda.

¿Dónde está lo disfuncional de esta anécdota de nuestra vida real? Lo que falló en su denuncia radica en que él se dirige a un par independiente, como es la Contraloría por definición, y sin embargo la acción se comprueba por los mismos denunciados. Y también que la escalada de esa denuncia condujo justamente al mismo punto. La jerarquía de una contraloría como órgano constitucionalmente independiente de cualquier otra organización del país no puede afectarse por trámites administrativos que afecten este principio.

La forma de alcanzar la verdad en la ciencia no es privativa de esta. Ni siquiera fue inventada para la ciencia. Es consustancial a una gestión social honesta y efectiva y debe formar parte de una cultura de construcción socialista que también es preciso consolidar. La utilización de los pares independientes para la comprobación de la verdad es tan importante en el caso de un resultado científico como en los hechos que pueden conducir a la felicidad o la desgracia de un gran colectivo humano mediante la gestión de gobierno de un país. Tiene que incorporarse a la cultura de dirección y como forma de trabajo en todos los frentes. Así se puede convertir en exitoso mucho de lo que suele fallar, aunque se proponga y haga con las mejores intenciones.

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