Santamareare, caracol y tesoro de Caibarién

Santamareare, caracol y tesoro de Caibarién

Plagados de leyendas y misterios viven los pueblos de mar, objeto de admiración de visitantes y nativos, especie de fascinación que ejerce el azul sobre los hombres, aún en aquellos que habitan en islas: En Cuba, por ejemplo.


Comunes son en la nación los poblados costeros y numerosas las historias que sobre ellos se tejen, en la mayoría pasan a ser símbolos especies autóctonas y elementos propios de una geografía salobre.

Caibarién, al norte de Villa Clara, aparece así con su condición de Villa Blanca y el sobrenombre de cangrejeros de sus habitantes; sin embargo, otro tesoro constituye motivo de lujo para la localidad: el caracol santamareare, como se le conoce en la versión popular.

Oriundo de cayo Santa María, el Liguus fasciatus sanctamariae pertenece a la familia de los ligus, y posee una concha cónica en la que se aprecian algunos surcos.

Dicen los especialistas que el caparazón de este grupo constituye uno de los más bellos, dotado de un gran colorido y de mayor tamaño dentro de los moluscos terrestres cubanos, por lo que son blanco de coleccionistas que atentan contra su perdurabilidad.

Al igual que uno de sus parientes, las polimitas, las poblaciones de santamareare son indiscriminadamente explotadas por el vano placer de convertirlos en superficiales adornos.

Su cuidado y conservación dependen de la contribución de todos, así que si usted pasea por cayo Santa María o encuentra en las playas de Caibarién un caracol santamareare, contémplelo, admírelo, pero no prive de ese gozo a quien venga detrás.

Recuerde que no es un simple caparazón multicolor, se trata del tesoro y símbolo de toda una comunidad.