Comandante, desde que borrarte quisieron, ni un solo dÃa hemos dejado de sentir bajo nuestros talones el costillar de Rocinante.
El hombre sigue siendo el lobo del hombre. El enemigo es el mismo de siempre, y no confiamos en el imperialismo ni un tantito asà porque todo lo aniquila, porque todo lo bello lo reduce a simples intereses bancarios.
Afortunadamente esta gran humanidad, a la que le oÃste decir basta, continúa su marcha indetenible hacia la sociedad nueva que inexorablemente tendrá que llegar. Y Cuba batalla heroica cada dÃa con la confianza perenne de que es correcto el camino, de que no importan las dificultades y riesgos cuando se tiene, más que el empeño, la obligación de triunfar.
Comandante, no habrá retrocesos en nuestro camino, no flaqueará la voluntad en deshonestos coqueteos con quienes piensan hundirnos en el mar.
Tú bien sabÃas que para la construcción de la sociedad nueva no habÃan fórmulas o esquemas absolutos; y henos aquÃ, ahora, rectificando sobre la marcha y actualizando mecanismos sin dejar de soñar.
Y porque —como bien lo vislumbraste— es de jóvenes crear, somos precisamente los jóvenes cubanos quienes vendremos siempre a ti con nuevos resultados, con un manojo de sueños y conquistas, y haciendo nuestro el compromiso rebelde, el anhelo vehemente de luchar.
¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!




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